Hace más de treinta años promoví en las calles de San Sebastián la creación de grupos contra el terrorismo y a favor de las víctimas del terrorismo. Eran tiempos convulsos en los que reinaba el silencio y la culpabilidad de las víctimas. Las consignas terroristas, la exaltación de la violencia, los derechos en exclusiva de los presos y detenidos por terrorismo eran los protagonistas. Cinco bandas terroristas (ETA, Comandos Autónomos Anticapitalistas, GRAPO, GAL, Batallón vasco español) atacaban la convivencia libre y atentaban contra la vida y la integridad de los ciudadanos no afines a las causas que cada terrorismo decía defender. Y las víctimas vivíamos ocultas, estigmatizadas, arrinconadas mientras la sociedad esperaba en silencio la victoria del más fuerte. No existían leyes de protección y nuestra joven democracia peligraba. Los asesinatos eran semanales, las revueltas violentas callejeras pan de cada día. Un grupo de ciudadanos nos rebelamos contra este estado de cosas e iniciamos un camino de dignidad, lento y constante que tenía como referente ético la vida y los principios democráticos que intentaban asentarse como en los países europeos de nuestro entorno. Los terroristas pudieron ganarnos y abocarnos a una nueva guerra civil, pudieron subvertir el orden constitucional y crear su estado identitario donde sólo cupiera una ideología, una manera de entender la vida y la sociedad, sus criterio políticos totalitarios. No fue así, afortunadamente,  les derrotamos. La democracia gano con muchos sacrificios, en especial de los Cuerpos y Fuerzas de  seguridad del Estado y con muchas pérdidas por el camino de otros, miles de ciudadanos heridos, secuestrados, perseguidos, amenazados, que vieron su vida truncada pero que resistieron.

Un día cualquiera me encontraba con la pancarta en la plaza pública, en San Sebastián, a principios de los noventa, junto a mis compañeros, convocados para denunciar un nuevo asesinato cometido por ETA en nuestro nombre, cuando un hombre enjuto de mirada penetrante vino y me dijo: ¡Tú estás haciendo victimología práctica y no lo sabes así que haz el favor de estudiar!. Era Antonio Beristain, catedrático de Derecho Penal, criminólogo y víctimólogo de reconocido prestigio internacional, fundador del Instituto Vasco de Criminología de la Universidad del País Vasco. No tuve opción, creo que fue la primera vez que oí la palabra victimología. Me produjo una infinita curiosidad que aún, veinte años después mantengo intacta. Estudié y me hice criminóloga y seguí practicando la victimología práctica y así hasta hoy. Antonio Beristain, jesuita y humanista universal, me enseñó caminos fundamentales, destaco dos: la verdad y la luz de las víctimas y la mirada multidisciplinar, poliédrica. La víctima es un ser humano, un ciudadano desfalleciente, herido injustamente por la voluntad de otro  en su esencia humana, dañado por un mal doloso. De estas víctimas hablamos. De las víctimas del terrorismo. Víctimas de delitos no convencionales que sufren además de la victimación primaria la secundaria y también la terciaria, lo que muchos expertos interpretan en la actualidad como el daño producido por la legitimación del crimen en el que todo terrorismo se basa.

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Las víctimas hemos resistido situaciones de enorme carga emocional, ética y política, cotidianamente. Hemos salido adelante poniendo en funcionamiento toda nuestra capacidad de resiliencia. Somos testigos del horror y de él hemos sacado un significado constructivo altamente educativo: la renuncia al odio y al miedo, la exigencia de construir un futuro diferente y la necesidad de respetar un código ético, incluso para los victimarios que nos quitaron tanto. Esta es nuestra grandeza y tiene un alto poder educativo que desde hace años estamos compartiendo en las aulas con los jóvenes estudiantes a través del proyecto: TESTIMONIO DIRECTO EN LAS AULAS.

Este proyecto es iniciativa de la Fundación Centro Memorial de las Víctimas del terrorismo y  la Fundación Víctimas del terrorismo  junto al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y el Ministerio de Interior. Se integra en un proyecto más amplio que se ha iniciado con el desarrollo curricular de las materias obligatorias de estudio de los alumnos españoles, concretamente en la asignatura de geografía e historia de 4º de la ESO: El terrorismo en España y las víctimas del terrorismo. TESTIMONIO DIRECTO EN LAS AULAS se concreta en que víctimas del terrorismo compartamos con los chicos y chicas un tiempo de escucha, reflexión, empatía y debate sobre nuestra experiencia como víctimas: nuestra historia, nuestros sentimientos y emociones, nuestro comportamiento ante el dolor injustamente causado. El valor del testimonio directo es muy grande. Consigue la cercanía consciente con la víctima, el rechazo al hecho violento, la comprensión del proceso de radicalización violenta, la reflexión sobre la propia responsabilidad ante un problema que ha generado mucho dolor y que sigue amenazando a la sociedad mundial.

Las víctimas que participamos en el programa, veinte en estos momentos, relatamos nuestra historia desde la autenticidad de lo vivido, conversamos con los estudiantes  sobre valores de convivencia: la tolerancia, la solidaridad, el compromiso social, la resistencia activa, la defensa de la vida y la libertad, el aprecio por la democracia, el respeto a los derechos humanos. Todos los encuentros que se vienen realizando están siendo altamente valorados por los tutores y profesores que nos acompañan y por los propios alumnos que muestran en una encuesta los aspectos positivos que las charlas les aportan. Las víctimas, si encuentran un significado profundo a su victimación, pueden servir preventivamente para construir personalidades maduras, resistentes y sensibles al sufrimiento humano. Los jóvenes necesitan referentes cívicos y éticos.

 

TESTIMONIOS VICTIMAS DEL TERRORISMO

 

https://youtu.be/9cflDQ817w8

 

Cristina Cuesta

Colaboradora Docente del Máster Universitario en Criminología: Delincuencia y Victimología

Presidenta de la Fundación Miguel Ángel Blanco