En este artículo hablaremos acerca de uno de los tipos de terapia más eficaces para abordar psicológicamente la situación actual que vivimos ante el COVID-19.

Tipos de terapia: ¿qué es la terapia de conducta?

La terapia de conducta es uno de los tipos de terapia más eficaces para el tratamiento de diferentes trastornos emocionales, conductuales y de salud mental, ya que se trata de una terapia avalada científicamente. Esto implica que cada una de las técnicas que se utilizan en ella ha demostrado ser eficaz.

Dicha terapia nace de una corriente de investigación e intervención psicológica llamada conductismo. El conductismo es el estudio de las leyes que dirigen y condicionan la conducta. Algunos de sus investigadores principales fueron Pávlov, Skinner y Watson.

El aprendizaje y la manera en que el conductismo influye en cómo nos comportamos las personas es la hoja de ruta de intervención en algunos tipos de terapia como la terapia de conducta.

Además, es importante señalar que los tipos de terapia basados en el conductismo se centran en el principio básico del condicionamiento. Entendemos por condicionamiento la asociación que hace una persona entre un estímulo y una respuesta. Por ejemplo, estar encerrado/a en casa sin poder salir y la respuesta fisiológica de ansiedad.

Descarga nuestra guía gratuita: Las áreas de la psicología y la aplicación de las nuevas tecnologías

¿Cómo pueden ayudarme estos tipos de terapia en la situación actual?

Con lo que estamos viviendo como consecuencia de las medidas tomadas para controlar el COVID-19, muchas personas experimentan emociones como la ansiedad y la tristeza. Esas emociones pueden ser consecuencia de los cambios recientes en las rutinas y, por lo tanto, en las conductas.

Gracias a las nuevas tecnologías, es posible iniciar o continuar determinados tipos de terapia y no habría ninguna diferencia en lo respecta a la terapia presencial.

Para realizar una adecuada terapia de conducta se deben dividir las sesiones en cuatro fases diferenciadas: 

  1. Fase de evaluación. Implica conocer a la persona que viene a consulta, cuáles son sus razones para acudir a terapia y cómo se comporta ante su problema. Pero también se trata de conocer a la persona mas allá del problema, conocer sus motivaciones, su red de apoyo, etc. Si se trata de un problema de ansiedad derivado de la situación de cuarentena, se trabaja en evaluar cuáles han sido los cambios que ha experimentado la persona en su rutina. También es conveniente saber si está viviendo con alguien más, si tiene algún tipo de rutina, si se está cuidando, etc.
  2. Fase de explicación de la hipótesis. Esto significa que el/la profesional explica, a la persona que acude a consulta, su hipótesis sobre lo que le está ocurriendo. También comparte con ella su plan de acción para resolver el problema. De esta manera, la persona comprende bien qué es lo que le ocurre y por qué le ocurre, así como el funcionamiento básico de la terapia de conducta. Por ejemplo, sería adecuado explicarle cómo se relaciona la ansiedad que está experimentando con las cosas que está haciendo o con las cosas que ha dejado de hacer como consecuencia de la nueva situación.
  3. Fase de intervención. Es la fase más larga de la terapia. En terapia de conducta, las herramientas de intervención tienen un gran componente de activación y de exposición a estímulos. Además, la terapia de conducta se suele combinar con otro de los tipos de terapia más conocidos: la terapia cognitiva. La combinación de ambas supone la división de la intervención terapéutica en discusión cognitiva y, después, en técnicas conductuales. De esta manera, se trabaja primero en cambiar los pensamientos subjetivos para después cambiar las conductas.
  4. Fase de seguimiento. Una vez terminada la intervención, se distancian las últimas sesiones para concluir la terapia de forma paulatina. Así se tiene cierto control sobre la persona, para que continúe aplicando las herramientas aprendidas. También se cubre cualquier necesidad que pueda surgir a medio plazo relacionada con la puesta en práctica y con el mantenimiento de dichas herramientas. Esto, además, permite que se mantenga la motivación durante más tiempo.

La terapia de conducta aplicada a la situación con el COVID-19

Un ejemplo de herramientas de las que nos dota la terapia conductual es la exposición a los estímulos fóbicos.

¿Qué significa esto? Que si una persona tuviera una fobia específica, se trabaja en jerarquizar la exposición a cada una de las cosas que le provocan ansiedad y que están relacionadas con el estímulo que le provoca dicha fobia. En otras palabras: ir poco a poco exponiéndose a aquello que provoca ansiedad acaba por reducirla hasta hacer desaparecer su respuesta.

Para la depresión, una forma de intervención del conductismo es la activación conductual, que consiste en intervenir sobre el contexto y la manera de actuar de la persona. En esta situación de confinamiento, implica comenzar una rutina ajustada al nivel de exigencia, capacidades y características de la persona, junto a su contexto.

De esta forma, podrá luchar contra las emociones negativas de tristeza, desesperanza y las conductas de auto-abandono o descuido de la higiene, el sueño, la alimentación, etc.

Ebook GRATIS: Psicología

Autor

Begoña Albalat Peraita

Docente del Grado en Psicología de la Universidad Internacional de Valencia