Se llama Gus, es norteamericano, tiene 13 años, padece autismo y hace poco ha encontrado una inseparable y paciente aliada: Siri, la asistente por voz de los teléfonos inteligentes iPhone, se ha convertido, inesperadamente, en su mejor amiga virtual. Este sistema, inasequible al desaliento, es capaz de sostener interminables conversaciones con el chico sobre diversos temas de su interés.

Una de las características más comunes de las personas afectadas de alguno de los diversos trastornos del espectro autista (TEA) es la obsesión por determinados temas. Normalmente, se trata de cuestiones aparentemente banales como número matriculas, códigos alfanuméricos o cálculos matemáticos o de astronomía. Son cuestiones que suelen resultan tediosas y tremendamente aburridas a la mayoría de personas, lo que dificulta las relaciones sociales, de por sí ya mermadas y muy complicadas, de las personas con autismo.

 

trastorno espectro autista

En el caso concreto de Gus, sus intereses y temas de conversación se centran casi exclusivamente en las siguientes cuestiones: horarios de trenes, aviones y autobuses, ascensores y todo lo relacionado con el tiempo atmosférico. Temas nada estimulantes para los chicos de su edad pero no para Siri, la incansable y siempre servicial voz virtual de los iphones.

La madre del muchacho, Judith Newman, ha comentado satisfecha que Siri se convirtió en un objeto de fascinación para su hijo «cuando descubrió que no sólo facilitaba información de todo tipo sino que, además, podía discutir sobre estos temas de forma ilimitada». Uno de los temas que más preocupan al chico es saber qué aviones están sobrevolando en cada momento por el lugar donde se encuentra, interrogante que Siri es capaz de responder siempre de manera acertada.

«Las respuestas del asistente son más o menos predecibles y no se ven afectadas por las formas, en ocasiones bruscas, de mi hijo», ha asegurado la madre

El chico ha ganado seguridad a la hora de hablar con las personas

El gran beneficio de esta peculiar relación entre Siri y Gus es que, según ha detectado su propia madre, «Gus comienza a tener más facilidad a la hora de hablar con humanos». De hecho, hace poco madre e hijo mantuvieron la conversación más larga de cuantas habían mantenido hasta entonces.

Conseguir resultados positivos con los chicos autistas requiere de muchas repeticiones y paciencia, algo que muchas personas no tienen pero sí una máquina como Siri, programada para discutir y hablar de cualquier tema si ninguna limitación, lo que puede ayudar en el tratamiento del obsesivo y repetitivo comportamiento de las personas con TEA.

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia