El amor, en palabras de Bauman (2005), es líquido, fluye y está en constante cambio. Esta descripción del amor en la sociedad postmoderna, según el autor, implica una construcción de las relaciones sobre la base del individualismo y la superficialidad de la sociedad capitalista. Las relaciones en la era de internet se convierten en conexiones donde el individuo se pierde, los valores están ausentes, son volubles y líquidos. En este contexto nos hacemos vulnerables frente a la facilidad y superficialidad de las relaciones que ofrece el acceso a las redes sociales. Estas “relaciones virtuales están provistas de las teclas suprimir y spam que protegen de las pesadas consecuencias (sobre todo, la pérdida de tiempo) de la interacción en profundidad” (Bauman, 2011).

En la sociedad postmoderna, algunos valores se tornan difusos y se ensalzan determinados comportamientos violentos, por ejemplo, empujar, provocar, amenazar, como formas de mantener la atención y el interés por parte de la pareja y constituyen un estilo interactivo normalizado y aceptable que mantiene la relación y resuelve los distintos conflictos surgidos (Rivas, Lozano y Gómez, 2003). También las dinámicas basadas en el ejercicio del control y la dominación pueden estar presentes en las relaciones. Por ejemplo, la necesidad de controlar la relación de pareja, de dominarla para sentir la seguridad de que se tiene la filiación única de la pareja. Esto puede llevar a conductas celotípicas y actitudes posesivas que generalmente suelen presentarse como acusaciones relativas a un inapropiado comportamiento con otras personas del entorno de la pareja, bien de modo presencial o a través de redes sociales. Algunas de las conductas que manifiestan ese control y los celos son, por ejemplo, escuchar las llamadas telefónicas para controlar sus actividades y con quien se relaciona, preguntar en clave de interrogatorio sobre determinadas personas cercanas a la pareja, etc.

En ocasiones también se observan procesos de manipulación y aislamiento de la pareja. Estas conductas siguen teniendo por objeto el control de la relación de pareja y la satisfacción de actitudes posesivas. El aislamiento puede ser de tipo emocional o social. Se produce cuando se intenta limitar a la pareja los contactos con sus amistades, familiares y compañeros de clase, para que toda conducta afectiva se reduzca a la propia relación de pareja. Este aislamiento se relaciona con una incapacidad para comunicarse emocionalmente por parte de la persona objeto del control, lo que aumenta el riesgo de acumular estrés y, merma la autoestima y la independencia. Por su parte, la manipulación se caracteriza por el uso de racionalizaciones a través de las cuales se pretende manejar y controlar la relación de pareja. Se utilizan para justificar los comportamientos propios de control, celotipia y posesión, dando a entender que son fruto de lo mucho que se quiere a la pareja e intentando hacerle creer que no va a encontrar a otra persona que la quiera de igual modo.

Este tipo de conductas a menudo son minimizadas y normalizadas. A ello contribuyen la invisibilidad e impunidad que ofrecen las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) a través de la proliferación de redes sociales: Whatsapp y Facebook entre otras. Todo ello ha facilitado la extensión y reproducción de las conductas de control, posesión, manipulación y aislamiento en las relaciones de pareja entre los jóvenes y entre los adultos.

A través de las nuevas tecnologías se establecen múltiples conexiones y se convierten en un trampolín para darse a conocer, para ligar sin compromiso y a veces con riesgos psicológicos asociados. En un estudio realizado por Byron (2016) con 1000 adolescentes británicos entre 11 y 17 años, sólo el 19% de los adolescentes describiría su perfil en medios sociales como un verdadero reflejo de quiénes son y cómo se sienten. Además de los problemas asociados al anonimato y a la superficialidad de las conexiones, varios estudios describen riesgos más acusados en relación con las conductas de control derivadas del mal uso de las redes sociales. Por ejemplo, Martínez-Pecino y Durán-Segura (2015) hallaron en una muestra de universitarios que el 57.2% de la muestra había sido víctima de ciberacoso por su pareja por móvil y un 27.4% por internet; un 47.6% afirmaba haber acosado a su pareja por móvil y un 14% por internet. Estos datos están en consonancia con los hallados por Zweig, Dank, Yahner y Lachman (2013) que concluyen que 26% de los y las jóvenes afirmaba haber sido objeto de acoso por parte de su pareja en la red, siendo las formas más comunes: el uso y acceso por parte de la pareja del perfil en la red social sin permiso (9%), la recepción de mensajes y correos para realizar actos sexuales que no querían (7%), presiones para el envío de fotos desnudos de sí mismos (7%), amenazas a través de SMS (6%) e intimidación por SMS y correos que los hacían sentir inseguros (6%). Por su parte, Borrajo, Gámez-Guadix y Calvete (2015), hallaron en su estudio que son las mujeres quienes ejercen un mayor control online sobre la pareja, como también una violencia de tipo psicológico offline; mientras que los hombres perpetran más agresión directa online. Asimismo, en este estudio los autores indican que los pensamientos y creencias acerca de la violencia entre hombres y mujeres son un importante predictor para la consecución de la violencia: los hombres lo justifican cuando actúan de forma agresiva en defensa propia, y las mujeres como consecuencia de momentos intensos de emotividad tipo rabia o ira.

La clave de la intervención está en la educación. Las actitudes y creencias favorables a la violencia pueden irse modificando a lo largo de la infancia y adolescencia bajo determinadas condiciones de intervención familiar, escolar y social. Por consiguiente, se consideran un aspecto central de los programas preventivos, posibilitando la actuación antes de que los estudiantes tengan pareja y diseñando estrategias que faciliten el cambio de actitudes y el desarrollo de habilidades específicas para detectar y enfrentarse con este tipo de relaciones (Trujano y Mata, 2002).

https://youtu.be/t5Kci_NLmyI

 Víctor J. Villanueva Blasco

Profesor Colaborador Grado de Psicología Universidad Internacional de Valencia (VIU)

 

Referencias

Bauman, Z. (2005). Amor Líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Madrid, España: Fondo de cultura económica.

Bauman, Z.(2011). 44 cartas desde el mundo líquido. Barcelona. Paidós. ISBN 978-84-493-2558-8

Borrajo, E., Gámez-Guadix, M., & Calvete, E. (2015). Cyber dating abuse: Prevalence, context, and relationship with offline dating aggression. Psychological reports, 116(2), 565-585.

Byron, T. Challenging stereotypes. (2016, Jan 27). The Gloucestershire Echo Retrieved from https://search.proquest.com/docview/1760589512?accountid=14777

Martínez-Pecino, R., & Durán-Segura, M. (2015). Cyberbullying through mobile phone and the internet in dating relationships among youth people. Comunicar, 22(44), 159-167.

Rivas, M. J. M., Lozano, M. P. G., & Gómez, J. L. G. (2003). Violencia en las relaciones de pareja en adolescentes y jóvenes: una revisión. Psicopatología Clínica Legal y Forense, 3(3), 23-39.

Trujano, P., & Mata, E. (2002). Relaciones violentas en el noviazgo: un estudio exploratorio. Psicología Conductual, 10(2), 389-408.

Zweig, J. M., Dank, M., Yahner, J., & Lachman, P. (2013). The rate of cyber dating abuse among teens and how it relates to other forms of teen dating violence. Journal of youth and adolescence, 42(7), 1063-1077.