La integración escolar de los niños con trastornos de espectro autista (TEA) es un tema complejo y controvertido. La heterogeneidad en la sintomatología clínica de las personas afectadas y su disparidad en cuanto a capacidades intelectuales dificultan el establecimiento de unas líneas de actuación o parámetros en relación a los modelos de inclusión más adecuados para este tipo de alumnos. En este artículo recogemos las opiniones, en ocasiones contrapuestas, de algunos expertos.

La inclusión de alumnos con TEA sencillamente no existen, en opinión de Daniel Comin

La opinión del Director y Editor de Autismo Diario y responsable de supervisión de artículos científicos, Daniel Comin, es claramente negativa, puesto que considera que en los actiStock_000026425810_Large-300x199uales sistemas de inclusión «existen diversos factores que hacen que la integración escolar sea en muchos casos inviable o una muy mala solución para el niño». Así de claro y contundente se expresa el autor en su articulo Un mal modelo de integración es perjudicial para el niño con autismo.En el citado artículo, Comin denuncia que los centros ordinarios sencillamente no están preparados, ya que al niño con TEA se le escolariza junto al resto de sus compañeros en un aula ordinaria donde los apoyos son inexistentes o insuficientes. El personal docente no tiene la formación ni cualificación suficiente para atender a niños con este tipo de trastorno, lo que en opinión de Comin provoca que «lo habitual es que el niño cree continuos problemas en el aula. Con lo cual, las familias de los otros niños y, por supuesto, el personal del centro van a llevar a cabo todo tipo de acciones para que el niño sencillamente se vaya del centro».

Para Comín, la opción de derivar a un niño con autismo a un centro de educación especial tampoco es una buena solución, puesto que se le niega la posibilidad de integrarse e interactuar con todo tipo de personas, lo que hará mucho más difícil su futura inserción en el ámbito laboral y de la sociedad en general.

La tercera opción son los centros ordinarios donde existen aulas de integración atendidas por profesores especializados en educación especial. Según Comin el principal problema de estos centros es que los profesores tienen que atender a un grupo numerosos de niños (a veces más de 8) con perfiles muy diversos.

Comin afirma que existe cuarta alternativa, configurada por centros realmente preparados donde sí es posible una «inclusión escolar real y de calidad, pero las posibilidades de que un niño acceda a esas plazas son muy escasas».

La integración existe pero es necesario implantar algunas mejoras

La opinión de los expertos Santiago López Gómez, doctor en Psicología, Consuelo García Álvarez, psicóloga y maestra y Sonia María Ordoñez Blanco, maestra especialista en documentación infantil, plasmada en su ensayo La intervención escolar en los trastorno del espectro autista es muy distinta. Para ellos, «la integración social y escolar de los niños con TEA es un hecho consumado en los últimos años».

Su opinión es que únicamente son necesarios una serie de «adaptaciones y ajustes». Sus propuestas en este sentido tienen que ver con: adaptaciones metodológicas al entorno y las capacidades de cada niño, lo que incluye la individualización de algunos aspectos del currículo, así como con la generación de una mayor motivación por aprender en el alumno mediante intervenciones adecuadas en aspectos como las habilidades sociales y el lenguaje.

La concienciación del resto sobre al autismo infantil, un aspecto clave

Margarita Cañadas, vicedecana de Terapia Ocupacional de la Universidad Católica de Valencia (UCV) pone el acento en la «necesidad de concienciar a los alumnos en la importancia de la inclusión social de las personas con autismo». Esta frase sintetiza el parecer de muchos expertos en autismo que consideran que el verdadero problema está en los prejuicios de muchas personas en relación a los afectados de este trastorno. De ahí que no sea posible una integración de los alumnos con TEA si antes no se convence al resto de que todos deben poner su granito de arena para ayudarles a romper las barreras de comunicación, lo cual es extensible al resto de la sociedad.

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia