Una de las definiciones de inteligencia más aceptadas es la realizada en el año 2007 por los profesores Resing y Drenth en un libro sobre el tema. Estos expertos responden a la pregunta directa ¿qué es la inteligencia?  con la siguiente definición: «El conjunto de las habilidades cognitivas o intelectuales necesarias para obtener conocimientos y utilizar esos conocimientos de forma correcta con el fin de resolver problemas que tengan un objetivo y una meta bien descritos».

La inteligencia cognitiva

La definición anterior es muy acertada sobre todo cuando nos referimos a la inteligencia cognitiva, que es aquella que tiene que ver con diversas capacidades del ser humano como son la memoria, la atención o  el lenguaje, etc. Este tipo de inteligencia ha sido la que, tradicionalmente, han tenido más en cuenta la mayoría de sistemas académicos y educativos y suele medirse e términos de Coeficiente Intelectual (CI).

La inteligencia cognitiva está influida por el análisis y procesamiento de información proveniente del sistema cognitivo del ser humano, el cual tiene las siguientes características:

  • Se basa en la división por procesos, es decir operaciones mentales que están implícitas en el funcionamiento cognitivo e intelectual.
  • Existen tres estructuras cognitivas: estructura receptor sensorial, la cual admite la información interna y externa, la memoria a corto plazo, que da la posibilidad de utilizar la información en un intervalo reducido de tiempo  y la memoria a largo plazo, que es la capacidad para recuperar y utilizar la información.
  • Los procesos cognitivos de clasifican en categorías: atención (elección de estímulos), codificación (manifestación de la información), almacenamiento (mantenimiento de la información) y recuperación (uso de esa información retenida).

No obstante, la inteligencia cognitiva deja de lado una cuestión muy importante y de gran importancia para el éxito personal y profesional de un individuo: la gestión de la emociones propias y ajenas. Nos referimos a la inteligencia emocional, la cual es entendida como el conjunto de capacidades que nos permite comprender, regular, manejar, valorar las propias emociones y percibir y reconocer las emociones de los otros.

Investigadores de gran prestigio como el psicólogo Daniel Goleman, consideran que la inteligencia cognitiva contribuye únicamente en un 20% de los factores que determinan este éxito, estando el  otro 80% influenciado por aspectos relacionados directamente con la inteligencia emocional: capacidad para utilizar los sentimientos, la emociones e impulsos de forma inteligente, así como desarrollar nuestras habilidades sociales para persuadir a las personas o guiar a otros, de forma que sus decisiones influyan positivamente en nuestras vidas y proyectos.

La inteligencia emocional se concreta en un amplio número de habilidades y rasgos de personalidad: empatía, expresión y comprensión de los sentimientos, control de nuestra ira e impulsividad, independencia, capacidad de adaptación, simpatía y capacidad de resolver nuestros problemas de forma interpersonal. Otros aspectos de la inteligencia emocional indispensables para nuestro correcto desarrollo son: la persistencia, la cordialidad, la amabilidad y respeto.

Muchas personas de gran preparación intelectual acaban fracasando en sus objetivos por un déficit global o de algunos aspectos de inteligencia emocional, quedándose muy por debajo de donde podrían llegar por su inteligencia y preparación académica.