Todos hemos experimentado ansiedad, lo contrario entraría posiblemente dentro del espectro de lo patológico. Constantemente escuchamos a quienes nos rodean decir que están ansiosos, o nosotros mismos expresamos estar bajo ese estado. Lo proyectamos como algo negativo, una respuesta emocional que está ahí como resultado de eventos adversos, pero no siempre tiene que ser así. La ansiedad, al igual que muchos otros estados aparentemente negativos, tiene valor utilitario bajo determinadas condiciones.  

¿Qué es la ansiedad?

La Asociación Americana de Psiquiatría considera que:

“La ansiedad es una reacción normal al estrés y puede ser beneficiosa en algunas situaciones. Puede alertarnos sobre los peligros y ayudar a prepararnos y prestar atención”.

La ansiedad en el momento de comenzar una carrera deportiva, la que se desata bajo situaciones de peligro; por ejemplo, durante un fuego, o la que experimentamos en un examen puede ser considerada una ansiedad necesaria y útil.  

Pero, ¿cuándo la ansiedad comienza a ser un problema?

Cuando la ansiedad comienza a ser desmedida, muy intensa y desproporcionada con relación a la situación real, llegando a afectar el normal funcionamiento en la vida diaria, estamos ante un caso de trastorno de ansiedad.

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Entre los trastornos de ansiedad más comunes están:

  • Trastorno de ansiedad generalizada.
  • Fobia específica.
  • Trastorno de ansiedad social
  • Trastorno de angustia.
  • Trastorno de ansiedad por separación.
  • Mutismo selectivo.
  • Trastorno de ansiedad inducido por sustancias o por medicación.

 

¿Cómo reconocer la ansiedad?

La forma más accesible de reconocer la ansiedad es por sus síntomas, existiendo instrumentos diagnósticos específicos que permiten determinar si un individuo está experimentando ansiedad, o más específicamente, un trastorno relacionado con la ansiedad. Los profesionales encargados del abordaje de estos trastornos son los psicólogos, especialmente los psicólogos clínicos y sanitarios. Entre los síntomas que pueden ayudar a reconocer la ansiedad están:

  • Preocupación excesiva y persistente que no se logra controlar. Esa preocupación patológica se refiere a varias actividades o situaciones de la vida.
  • Dificultades para concentrarse y centrar la atención.
  • Problemas para memorizar, generalmente debido a alteraciones de la atención, más que a una disfunción propia del proceso de memoria.
  • Trastornos del sueño, especialmente insomnio, que llegan a afectar la calidad de vida.
  • Pensamientos intrusivos y desagradables que no pueden ser controlados a pesar del afectado rechazarlos.
  • Manifestaciones físicas como náusea, dolor abdominal, estreñimiento, taquicardia, sensación de que falta aire al respirar, temblor, sudoración, sensación de tener la piel fría, sequedad en la boca y dolores musculares.
  • Miedo intenso e irracional a una situación, como estar en medio de una multitud o en lugares cerrados; o a un organismo, por ejemplo, un animal.
  • Evitación persistente del objeto de la fobia. Por ejemplo, la persona evita participar de reuniones sociales debido a la ansiedad que le provoca esa situación.
  • Ataques de pánico que involucran sensación de mareo, aumento significativo de la frecuencia cardiaca, sudoración, dolor en el pecho, miedo a perder el control y a que algo terrible puede suceder.
  • En los niños puede ocurrir un miedo intenso a separarse de una persona, es lo que se conoce como trastorno de ansiedad por separación.

 

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Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia