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Procrastinar; mal hábito para el aprendizaje y el rendimiento académico

  • Por Juan Pedro Barberá Cebolla.
  • 9 noviembre 2017

El motivo de la procrastinación en los estudiantes es la falta de capacidad para alejar tentaciones y distracciones durante el estudio.

Dewitte y Schouwenburg

Todos reconocemos de forma inmediata el refrán “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” del conde Phillip Stanhope (1749/1968), o la frase del escritor John Lyly (1579) en la que afirma “nada tan peligroso como la procrastinación”. Dentro del ámbito educativo encontramos un video de Youtube “El estudiante del último momento” de Fernando Diamant que ilustra de forma melódica las consecuencias de la postergación de las tareas extraescolares.

Procrastinar vocablo que proviene del latín procrastinare que traducido significa diferir o aplazar. En el ámbito educativo tomaría la connotación de hábito o conducta tendente a dilatar tareas de aprendizaje para tiempos futuros sin planificar períodos o plazos para su realización. Esta definición se podría complementar según Steel y Ferrari (2012) como una insuficiencia en los procesos de autorregulación que provoca la demora voluntaria de actividades planificadas, aunque se anticipe una situación peor como consecuencia de la demora.

Si bien el hábito de procrastinar se encuentra bastante extendido en todas las edades, sexos y actividades laborales su repercusión dentro del ámbito educativo y en concreto en los resultados académicos ha sido demostrado por investigadores como Wesley (1994) y Kim y Seo (2015) indicando que presenta una correlación directa con los resultados académicos.

El psicólogo e investigador Tim Pychlyl de la Universidad de Carleton en Canadá director del grupo de investigación que tiene como eje central el estudio de la procrastinación en estudiantes afirma que “en la actualidad la procrastinación es el problema más grave en la educación”. A través de un video de Youtube que ha tenido más de 300.000 visitas Pychlyl imparte consejos y estrategias sobre el afrontamiento de la procrastinación, enfatizando las consecuencias nocivas de esta práctica en la salud mental de los estudiantes, considerándola como la responsable de elevar los niveles de estrés y ansiedad o hasta incluso pudiendo desembocar en depresión.

La procrastinación tiene su explicación desde diversas vertientes investigadoras situadas en la Neuropsicología o la Neuroeducación. Estudios de investigadores educativos como West, Mendizábal, Carrière y Lippé (2014) sitúan en el desarrollo de los lóbulos frontales del cerebro la capacidad de inhibir estímulos distractores en tareas cognitivas. En este sentido, a medida que los estudiantes tienen más edad presentan una mayor capacidad para poder dominar dichos estímulos distractores responsables de conductas procrastinadoras.

Por otro lado, encontramos autores como Strunk, Cho, Steele y Bridges (2013) cuyo objetivo se sitúa en acotar los factores implicados en la procrastinación proponiendo un modelo de dos dimensiones, una relacionada con el uso del tiempo y otra tipo motivacional.

fig 1

Figura 1. Modelo de dos dimensiones para explicar la procrastinación académica

Aspectos como la metacognición, la autorregulación, el control del tiempo y la consciencia relacionadas con la personalidad también han sido objeto de estudio y análisis infiriéndoles la explicación a conductas procrastinadoras.

Ahora bien, después de haber visto las posibles causas de la demora en tareas académicas, la pregunta sería si se puede minimizar este hábito y disponer de estrategias efectivas de afrontamiento que palien dichos efectos o reconduzcan situaciones procrastinadoras, con el objetivo que influyan lo menos posible en el aprendizaje y en el rendimiento académico.

Por consiguiente se podían tomar varias medidas, la primera de ellas podría ser la utilización de un cuestionario que evalúe en qué nivel de procrastinación se encuentra un estudiante. Con esta finalidad uno de los instrumentos más utilizados es la Escala de Procrastinación Académica (EPA) de Busko (1998) adaptada por Blas (2010) para alumnado de Educación Secundaria Obligatoria. Se trata de un sencillo cuestionario de 16 ítems que permite saber qué alumnado se encuentra en riesgo de presentar un perfil procrastinador.

Otras medidas que facilitarían la reducción o la solución a tendencias procrastinadoras en alumnado serían según Steel (2010):

  1. Esperar el éxito. Consiste en demostrarse a uno mismo que puede conseguir aquello que se propone.
  2. Hacer que las tareas no sean aburridas. Por medio de estrategias activas que impidan caer en la monotonía y el aburrimiento.
  3. Hacer que las tareas permitan alcanzar objetivos personales importantes. Situar la tarea como camino hacia la consecución del objetivo y valorarlo una vez conseguido.
  4. Condicionamiento clásico. Recompensar el trabajo conseguido para relacionarlo con la obtención de un efecto gratificante.
  5. Reducir los distractores. Cuantos menos elementos distractores se dispongan en el lugar de estudio mejor. Intentar eliminar por ejemplo carteles, ordenador, tablets, móviles etc.
  6. Disponer de rutinas que permitan seguir una planificación establecida con anterioridad y mecanizarla durante un espacio de tiempo (aproximadamente un mes), esto permite reducir el tiempo de pensar que es lo que se tiene que hacer en cada momento.
  7. Marcarse objetivos y hacer planes a corto plazo. Establecer objetivos a corto plazo implica evaluar aquello que se ha conseguido inmediatamente y reducir la carga de trabajo con lo que se gana en satisfacción inmediata, motivación y ganas por seguir marcándose objetivos.

Con todas estas medidas podemos concluir que la procrastinación:

  • Presenta una relación directa con el rendimiento académico.
  • Se puede evaluar mediante la utilización de pruebas estandarizadas que permiten obtener un perfil del alumnado procrastinador.
  • Se debe tener en cuenta en el ámbito académico como factor determinante en la autorregulación del estudiante cuando se enfrenta a tareas de carácter académico.
  • Puede ser entrenada y modificada mediante la aplicación de programas específicos de entrenamiento en manejo de la procrastinación a través de estrategias de planificación, gestión del tiempo, metacognición y afectivo-motivacionales.

En resumen, aunque la procrastinación se encuentra directamente relacionada con la propia personalidad no se debería considerar como un hábito o una conducta estanca e inmutable. Es decir, considerarse procrastinador no debe ser elemento de resignación sino más bien un reto de superación personal. El autoconocimiento de la situación personal procrastinadora y disponer y entrenar estrategias adecuadas que faciliten la salida de hábitos procrastinadores son soluciones al alcance de cualquier estudiante. Sólo queda una cosa, ponerse en ello.

Desde la Universidad Internacional de Valencia (VIU) el alumnado que cursa el Máster Universitario en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas, tiene como uno de los objetivos principales en su aprendizaje el conocimiento de estrategias efectivas que permitan una mejora en los procesos de enseñanza y aprendizaje de los estudiantes.

VIDEOS RELACIONADOS:

El estudiante de último momento de Fernando Diamant.

Teaching Talk: Helping Students Who Procrastinate (Tim Pychyl)

En la mente de un maestro de la procrastinación

 

 

Dr. Juan Pedro Barberá Cebolla.

Profesor del Máster en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas de la Universidad Internacional de Valencia (VIU)