Intentar enseñar algo sin saber cómo funciona el cerebro de un alumno promedio es hoy tan difícil como intentar ser diseñador de guantes sin haber visto jamás una mano.

Leslie A. Hart

Una premisa pedagógica prácticamente consolidada es la de la necesidad de conocimiento del profesorado de los procesos metacognitivos intervinientes en el acto de aprender. El conocimiento de dichos procesos cognoscitivos se considera el sustrato esencial para una instrucción eficiente de los discentes. En este sentido, y teniendo en cuenta que los procesos cognitivos tienen su origen en el cerebro se considera esencial por parte del profesorado de un conocimiento profundo de los mismos, y no sólo eso, sino también de la capacidad y habilidad para transmitir al alumnado los entresijos que tienen lugar en el mismo y que facilitan y permiten una mejora sustancial en el aprendizaje.

Todos los profesores sabemos que enseñar no es única y exclusivamente transmitir conocimientos intentando impartir la mayor parte del currículum marcado por las instituciones educativas. Por consiguiente se considera que  -enseñar menos es mejor que enseñar mucho y rápido-. También sabemos de la diferencia entre los objetivos de rendimiento académico, que es lo que se evalúa en un momento puntual, y lo que finalmente se aprehende, que es lo que queda grabado para siempre como una capacidad que permite ir creciendo y desarrollarse intelectualmente y como persona. Teniendo en cuenta estas salvedades, enseñar debería consistir en comprender cuáles son los mecanismos intervinientes en el aprendizaje y las emociones que se dan durante el mismo; disponer de diversas estrategias formativas o transformar aquellas de las que ya se dispone; construir y reconstruir ambientes de aprendizaje para que sean nuevos y cambiantes; capacitarse continuamente, es decir, formarse y reciclarse de manera constante y, conocer, detectar y atender de forma temprana y eficiente los trastornos del aprendizaje.

Si aprender consiste en transformar conocimientos, habilidades, capacidades, actitudes y valores, enseñar debería consistir en transformar procesos metodológicos, estar atentos y adaptarse a los cambios sociales para llevarlos a las aulas, construir ambientes de aprendizaje basados en la acción y, cooperar y coordinar con los compañeros docentes nuevas estrategias de enseñanza.

Pero, no queremos en este artículo quedarnos con una idea tecno-pedagógica de la enseñanza. Queremos proporcionar pautas para iniciarse en la metamorfosis de un profesor que pase de ser un relator y transmisor de conocimientos hacia un profesor experimentado en el funcionamiento del cerebro, pero podríamos preguntarnos ¿Para qué le sirve a un profesor saber cómo aprende el cerebro? La solución a esta pregunta nos la proporciona Forés y Trinidad (2017, p. 31-32) cuando indican “hay tantas respuestas como cerebros para responder a esta pregunta”. Además dividen en tres fases los beneficios que se proporciona a los profesores que aplican la neurodidáctica y se interesan por la neuroeducación:

  1. Darse cuenta”. Llevar a la conciencia su práctica diaria. Esto se podría calificar como una Metaenseñanza respecto a una reflexión profunda sobre su práctica de enseñanza cotidiana.
  2. Entender cómo funciona el cerebro”. Evaluar lo que se está haciendo reconociendo sus fortalezas y debilidades.
  3. Transformar su acción educativa”. Modificando espacios, tiempos, actividades, maneras de plantear y formas de colaborar, introduciendo nuevas perspectivas y desaprendiendo hábitos de trabajo o enfoques en las propuestas educativas.

Por tanto, y atendiendo a todo lo dicho anteriormente, necesitamos un profesorado que realice cambios metodológicos en la práctica educativa dentro y fuera del aula, dirigiendo al alumnado hacia cotas de aprendizaje que se sustenten más en el autoconocimiento, en la autorregulación y en la búsqueda de la emoción a través del aprendizaje que en el almacenamiento descontextualizado de sapiencias.

Para ello se han querido rescatar las diez claves que proporciona el Dr. Hernán J. Aldana Marcos (2014) en su clase magistral Neurociencia y Educación; de la investigación a la práctica docente, explicándolas de forma breve:

  1. Hacer la actividad educativa muy llamativa y novedosa.

Enseñar debería consistir en la utilización de técnicas que introdujeran el movimiento del profesor como eje principal, no se puede concebir un profesor hierático o sentado durante la clase. Se considera esencial, la teatralización, la realización de ejercicios aeróbicos, el uso del cuerpo para expresar ideas y emociones, hacer parodias y jugar con el aprendizaje, aprender no sólo a recogiendo conocimiento sino también aprendiendo a generarlo. Resumiendo, realizar una enseñanza innovadora mediante el uso de métodos y temas poco frecuentes para los estudiantes. La idea principal es crear incertidumbre para no anticiparse a saber qué es lo que va a pasar durante la clase.

  1. La novedad fuera del lugar “engañar al cerebro”.

El cerebro se acostumbre de forma fácil y rápida a los contextos educativos que son repetitivos y monótonos, para ello y con la finalidad de sacar su máximo potencial se necesitan cambios metodológicos. En este aspecto se ha trabajado mucho y un ejemplo de ello es el llamado Flipped Classroom o Clase Invertida, donde los contenidos teóricos son proporcionados en casa mediante distintos formatos audiovisuales, siendo mucho más sencillo en estos momentos mediante el apoyo de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), para posteriormente desarrollar la práctica en el aula. Se realiza un cambio en el orden tradicional de la clase de esta forma la clase es totalmente dinámica obligando al cerebro a encontrarse activo en todo momento.

Otra posibilidad sería enseñar al alumnado que para aprender un contenido debería utilizarse la regla de las tres “S”: Search (buscar), Select (seleccionar) y Summarize (resumir). Esta forma de actuar respecto al aprendizaje obliga al alumnado a estar activo con la información porque es él quien la trabaja durante todo el proceso.

  1. Cumplir con la función A-P-E (Aferente sensitivo, Procesamiento, Eferente motor.

Todos sabemos que para aprender primero debe entrar la información por los canales sensoriales, procesarla en el cerebro y finalmente relatarla para demostrar que se ha entendido. Pero, ¿cómo realizamos este proceso? En este apartado se parte de la siguiente idea “no hay aprendizaje sin movimiento”, es decir aunque se esté sentado se deben realizar acciones que eviten que el cerebro se inhiba de la atención requerida para aprender. Por lo tanto acciones que se podrían realizar durante las sesiones de aprendizaje podrían ser las siguientes: caminar mientras se estudia, teatralizar (exagerar, parodiar), tomar apuntes (permite estar atento y comprobar si se ha entendido o no), enseñar (tomar el rol de profesor), generar preguntas (dudas).

  1. Saber tomar apuntes de clase.

La idea principal de este punto sería la siguiente –escribir es aprender dos veces- Escribir obliga al cerebro a estar activo. Cuando se toman apuntes se necesita utilizar varios canales, uno de entrada (visual o auditivo), un procesamiento (cerebro) y uno de salida (escritura). Como se observa se dan las tres funciones A-P-E anteriormente mencionadas, pero además se proporciona el llamado bucle profesor-alumno en el que se confirma si se han comprendido los contenidos de aprendizaje. Además permite al profesor comprobar en el papel si su instrucción ha sido clara. Que importante sería enseñar a nuestros alumnos a tomar buenos apuntes.

  1. Aprender a través del efecto generación.

El aprendizaje por generación es el que se conoce como aprendizaje por descubrimiento. Se trata de un aprendizaje en el que la pregunta es el ingrediente principal. El aprendizaje se genera a partir de las preguntas que hace el profesor no de las respuestas o soluciones que proporciona de forma inmediata cuando explica una lección. Es una forma de enseñar más lenta pero mucho más efectiva.

  1. Saber trabajar en grupo de forma cooperativa.

Siendo seres sociales como somos no podemos desligar el aprendizaje de la cooperación mutua entre iguales. El efecto positivo del aprendizaje social ha sido ampliamente demostrado en aspectos como aumento de la motivación, disminución del miedo al fracaso, disminución de la ansiedad y el estrés, liberación de dopamina y ayuda a los alumnos que presentan dificultades en el aprendizaje.

  1. Aprender a “enseñar a enseñar”.

Es aconsejable enseñar al alumno a adoptar el rol del profesor porque muchas veces siente la necesidad de comunicar, de ser escuchado, de explicar lo aprendido. En este proceso se ponen en funcionamiento las emociones. El hecho de que te entiendan genera en el alumno un sentimiento de felicidad que refuerza el aprendizaje consolidándolo desde una óptica afectivo-emocional.

  1. Valorar los efectos positivos del estrés.

Estar estresado es un síntoma del cerebro que se manifiesta a través de: alerta, tensión, angustia, subida de adrenalina, emoción, taquicardia etc., ante una situación que no se controla. Esta situación de estrés en el alumnado en situaciones de aprendizaje generalmente se da en épocas de exámenes debido a no disponer de recursos o técnicas con las que comprobar si se ha producido aprendizaje. El alumnado muchas veces se confunde y cree que –reconocer es recordar-, pero esto no es así, de ahí la importancia de enseñar a nuestros alumnos a realizar mapas conceptuales para que a través de la escritura chequeen si realmente han aprendido, es decir si saben cuáles son las ideas principales y las secundarias, su relación entre ellas y las que han retenido en la memoria.

  1. Imaginarnos la mente del alumnado.

El primer paso para enseñar a nuestro alumnado debería consistir en –mirarle a los ojos-. Queremos entrar en su mundo interior para que nos diga cómo se encuentra y cuál es su receptividad para aprender. Como profesores estamos avisándoles continuamente de que tenemos algo muy provechoso que enseñarles, pero este aspecto no se puede culminar si no existe una reciprocidad emocionalmente activa por parte del alumnado. La Teoría de la Mente definida por Tirapu-Ustárroz, Pérez-Sayes, Erekatxo-Bilbao y Pelegrín-Valero (2007, p. 1) como “la habilidad para comprender y predecir la conducta de otras personas, sus conocimientos, sus intenciones y sus creencias” nos indica el camino o tarea a seguir como profesor.  Por consiguiente, una correcta enseñanza debería de tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • Saber aproximadamente los conocimientos previos de los que dispone el alumno.
  • Hacer suposiciones sobre lo que el estudiante necesita que le expliquen para incrementar su nivel de comprensión.
  • Evaluar su grado de interés en la tarea.
  • Evaluar su receptividad en la enseñanza.

Estos aspectos conllevan a interpretar la mente del alumnado. Estudiar estas relaciones se constituye en un verdadero desafío metodológico del que se desprenden importantes beneficios tanto en la calidad de la enseñanza como en el aprendizaje.

  1. Dormir bien.

Este último apartado no por ser el último es menos importante. Los últimos estudios realizados en Neuroeducación concluyen que descansar bien aumenta el rendimiento académico. El descanso permite afianzar las conexiones neuronales establecidas durante el aprendizaje reforzándolas,  permitiendo de esta forma que se integren en la memoria facilitando la comprensión, la retención y la evocación posterior. De ahí la importancia de establecer períodos de descanso durante el estudio así como también dormir las horas previas a un examen no dejando el estudio para la noche anterior.

Para concluir, hemos visto durante el artículo lo importante que es para docentes y discentes el conocimiento de la mecánica del cerebro tanto desde la perspectiva fisiológica como la procesual. Interpretar correctamente dicho mecanismo se constituye en la esencia de una enseñanza y un aprendizaje de calidad para que este se desarrolle dentro de un tejido de implicación recíproca y armónica entre profesorado, alumnado y contenidos educativos. El cerebro es el núcleo de unión entre los contenidos educativos asépticos, la emoción, la motivación y las ganas de aprender.

Desde la Universidad Internacional de Valencia (VIU) el alumnado que cursa el Máster Universitario de Necesidades Educativas Especiales y Atención Temprana se encuentra especialmente sensibilizado en esta nueva forma Neuroeducativa de enseñar, disponiendo de un espacio en el currículum de aprendizaje que aborda una formación multidisciplinar en Neuroeducación.

 

VIDEO RELACIONADO:

Neurociencia y educación; de la investigación a la práctica docente. Parte I.

https://youtu.be/VZbnct1hSuI

 

Dr. Juan Pedro Barberá Cebolla. Profesor del Máster Universitario de Educación Especial y Atención Temprana de la Universidad Internacional de Valencia (VIU).

BIBLIOGRAFÍA:

Forés, A. y Trinidad, C. (2017). La neuroeducación: del humo a sus evidencias prácticas. Harvard Deusto. Learning & Pedagogics, (10), 29-35. Disponible en http://bit.ly/2vqomr7

Tirapu-Ustárroz, J., Pérez-Sayes, G., Erekatxo-Bilbao, M. y Pelegrín-Valero, C. (2007). ¿Qué es la teoría de la mente? Revista de neurología44(8), 479-489. Disponible en http://bit.ly/2xB6T00

WEBGRAFÍA:

Neurociencia y educación; de la investigación a la práctica docente. Parte II. Disponible en https://youtu.be/R8z2S1GOouQ

Neurociencia y educación; de la investigación a la práctica docente. Parte III. Disponible en https://youtu.be/hZcl1VwHUI4

Neurociencia y educación; de la investigación a la práctica docente. Parte IV. Disponible en https://youtu.be/eoLEaIUsUGc