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Mediación Familiar: El poder de las palabras en las crisis familiares

  • Por Mª José Sendra Llorens
  • 13 noviembre 2017

Cuando pensamos en crisis familiares, quizás lo que nos viene a la cabeza son las crisis de pareja  o  matrimoniales. Esto puede deberse a las cifras que se barajan en los medios de comunicación sobre las separaciones y divorcios en nuestro país. Como cita el artículo[i] sobre el Estudio de la evolución desde al año 2001 de las demandas de disolución matrimonial, realizado por el Departamento Estadístico del Consejo General del Poder Judicial, “… en lo que va de siglo y hasta el 31 de diciembre de 20016, se han producido en España un total de 2,068.063 disoluciones matrimoniales, de las que 1,621.394 fueron divorcios (967.865 de mutuo acuerdo) y 446.669 separaciones (297.226 consensuadas)”. Porcentualmente hablando supone un 59.7% de divorcios y un 66.54% de separaciones son consensuadas.

Con la modificación del Código Civil y la Ley de Enjuiciamiento Civil del 2005 (cita el mismo artículo) y la posibilidad de acudir a la vía de la Mediación Familiar, se incrementa el número de demandas derivadas a la mediación, pasando de 1.642 en el año 2.009 a 7.336 en 2.016.

Otro dato a resaltar es el aportado en otro artículo[ii] sobre el Informe Del Consejo General del Poder Judicial sobre el primer trimestre del año 2017, que cita que en este trimestre se registraron 17.483 divorcios de mutuo acuerdo, un 2.6% más que en el primer trimestre del 2.016.

Quizás sean estas cifras las responsables de equiparar divorcio con las crisis familiares.

Pero la realidad de los conflictos familiares es mucho más amplia, ya que estos no se limitan a los que tienen lugar en el seno de la pareja (negociación de los términos del convenio regulador en los casos de finalización de la convivencia en común, los bloqueos en la relación, los problemas de comunicación, de percepción de ausencia de cariño,…)  Es más, ni siquiera es necesaria la existencia de pareja o matrimonio para la existencia de conflictos familiares, tengamos en cuenta la amplia realidad familiar actual (familias monoparentales, familias reconstituidas,…).

Los conflictos que pueden tener lugar en el seno de la familia no se limitan a estos dos miembros, la pareja, sino que abarcan a los conflictos que puedan darse en el seno de las relaciones entre cualquier miembro de la familia, pareja, hijos e hijas, hermanos y hermanas, abuelos, tíos, …Conflictos además de diversa índole, por citar algunos: los que tienen que ver con la atención y cuidados de las personas mayores y/o dependientes, con cuestiones materiales, patrimoniales como herencias, con la gestión de empresas familiares, entre familias biológicas y las acogedoras, conflictos por las expectativas sobre los hijos, por la poca o nula colaboración de los hijo, por la adaptación al crecimiento de los mismos, faltas de respeto y problemas de comunicación entre miembros de la familia, desavenencias sobre conductas-sobre la intimidad-sobre las propiedades, y un largo etcétera de causas sobre las que se pueden gestar situaciones conflictivas en el seno de la familia.

Por tanto, en lo primero que cabe aclarar e insistir es en que son las familias en sentido amplio y las relaciones familiares las destinatarias de los procesos de Mediación Familiar.  Y ¿por qué esta afirmación?  Permitid responder con otras preguntas: ¿Quién conoce mejor el problema que las propias personas implicadas? ¿Quién puede encontrar las mejores soluciones que las propias personas implicadas? Teniendo en cuenta, además, un aspecto fundamental de los conflictos familiares, y es que en la mayoría de las ocasiones las personas van a tener que seguir relacionándose en el futuro, en menor o mayor medida.

Para ello es necesario que las familias encontremos un tiempo y un espacio adecuado para hablar, escuchar y entendernos. Y ese espacio lo facilita la Mediación Familiar.

“Crisis, familia, palabras y poder”, todos los términos contenidos en el título forman parte de la Mediación Familiar

Crisis, según la RAE, cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera en que estos son apreciados.

Las crisis en la familia suponen la existencia de momentos en que las pautas de relación que servían y permitían crecer, ahora ya no sirven y por tanto, se hace necesario cambiarlas. Además, estos momentos de crisis son necesarios ya que nos avisan de la necesidad de reconducir la situación, la relación,…

Familia grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas (RAE).

Ampliamos este concepto teniendo en cuenta que la realidad social actual hace que “familia nuclear” y “familia extensa” estén en permanente y estrecha relación por el intercambio de ayuda mutua y de afecto, cuyas relaciones entre sí se califican como íntimas pero en la distancia. Así, la mediación familiar da respuesta a los conflictos que acontecen en la “familia” en sentido amplio.

Palabras, facultad de hablar o aptitud de oratoria. Oratoria, arte de la elocuencia. Elocuencia como eficacia para persuadir o conmover que tienen las palabras, los gestos o ademanes y cualquier otra acción o cosa capaz de hacer entender algo con viveza (definiciones de la RAE).

Poder, según la RAE “tener expedita la facultad o potencia de hacer algo”, “tener facilidad, tiempo o lugar de hacer algo”, “tener más fuerza que alguien, vencerlo luchando cuerpo a cuerpo”. La tercera acepción contrasta profundamente con las dos anteriores y hemos querido dejar constancia de ello para provocar precisamente la mirada hacia “las dos caras de la misma moneda”.

La Mediación genera el “empoderamiento” de las personas en el conflicto, poder para la toma de la palabra en defensa de sus intereses y necesidades. No se trata de tener poder según la tercera acepción “vencer al otro” que supondría el uso de metodologías y procedimientos competitivos de manejo o gestión de los conflictos que se apoyan en el “ganar-perder” y que supone el vencimiento de uno y la pérdida del otro, “acabar con el contrincante”.

La mediación trabaja para el cambio y la superación del “PODER SOBRE” para lograr el “PODER CON”. La responsabilidad compartida de las personas en conflicto para hallar una respuesta en común que le permita avanzar y mejorar en ese proceso de cambio que suponen las crisis. Todo esto, apoyándose en el poder de las palabras como herramientas de paz necesarias para alcanzar “tocar al otro emocional y vivazmente”. Ese “tocar, llegar, alcanzar al otro” que provoca la necesidad de escucha, de comprensión y de percepción del otro como ser. Esa comprensión que les permita generar vínculos más constructivos para todos y crear soluciones mutuamente satisfactorias, que además les proporciona la certeza de la capacidad de resolución de sus propios conflictos, soluciones garantes de una positiva convivencia en común, o en caso de ruptura, que les permita organizar su nueva vida de manera satisfactoria tras una vida en común.

En definitiva, la mediación supone acompañar para pasar del vencer al otro al vencer con, en un proceso colaborativo de transformación compartida.

Empoderamiento y poder con, protagonismo y responsabilidad compartida en la transformación y superación de las vivencias de crisis para lograr crecer (mejorar) con ellas y gracias a ellas. Y la Mediación Familiar como herramienta de construcción de paz y satisfacción mutua que permite llevar a cabo este proceso con la mínima intervención de un tercero cuya función es hacer de guía en este camino, y de facilitador de la comunicación positiva.

[i] http://www.publico.es/sociedad/separaciones-divorcios-espana-mantienen-estables.html

[ii] http://www.elmundo.es/sociedad/2017/06/16/5943cb23ca4741a5288b462e.html

 

Mª José Sendra Llorens.

Profesora del Máster en Mediación y Resolución del Conflicto de la VIU