No es muy habitual ver en los medios de comunicación noticias que tienen que ver con la salud de los músicos, como sucedió por ejemplo la pasada semana. En ella se evidenciaba la exposición de los músicos a problemas físicos sin ningún tipo de control ni prevención. Lo mismo ocurre con los problemas en el ámbito psicológico. Los músicos conforman un colectivo especialmente vulnerable por varios condicionantes: exposición regular ante el público confiada únicamente a su formación instrumental; nula formación en recursos psicológicos para afrontar las diversas situaciones adversas o de estrés, y educación formal basada en la imitación absoluta al maestro, dependencia que aumenta y magnifica la inseguridad psicológica propia de las actuaciones en público.

Como es sabido, el “modelo conservatorio”, principal referente de la educación musical formal occidental, ha destacado por su inmovilismo, impermeable en su espacio quasi sagrado a la incursión de cualquiera de las ciencias. Al igual que hizo la etnomusicología a finales del siglo XX, por fortuna la psicología comienza a dar sus primeros pasos en la educación musical, a partir de esta última década.

Muchos de los rasgos principales que la modernidad exige al conservatorio los podemos observar en centros abiertos, concebidos como escuelas de artes. La Guidhall School de Londres, que cuenta en su claustro desde hace unos años con uno de los mayores expertos en psicología de la música, John Sloboda, ofrece al alumnado atención psicológica dentro del departamento de atención al alumnado (student affairs), con una oferta regular de seminarios sobre creatividad, aprendizajes y desarrollo profesional. Un modelo semejante observamos en la Academia Sibelius, donde los servicios de psicología forman parte de la asociación de estudiantes, y atienden las demandas de la Sibelius Academy, Academia de Teatro, y Academia de Bellas Artes, centros que conforman la Universidad de las Artes de Helsinki.

A nivel europeo también destaca la antigua Academia Chopin de Varsovia (reconvertida en Universidad de Música), con un departamento de investigación en psicología de la música, que ofrece cursos y seminarios al menos desde 2001. La psicología comienza a abrirse paso en los conservatorios del ámbito latinoamericano gracias a la labor de Claudia Tello en el Conservatorio de Las Rosas (Morelia, México), considerado el primer conservatorio fundado en el continente (data de 1753). En este centro se vienen organizando en los últimos años diversas jornadas interdisciplinares que amplían las actividades tradicionales de estos centros (audiciones, master classes…) y estimulan la participación de alumnos, profesores e investigadores en áreas relacionadas con la psicología y la música.

España parece que empieza a apostar por los departamentos de orientación en los conservatorios, aunque en la mayoría de casos todavía dicha orientación es solo académica y profesional, y no psicopedagógica con un psicólogo o pedagogo al frente, como sería deseable. Pilar Lago y Luis Ponce (2010) presentaban un magnífico análisis comparativo entre diversos servicios de orientación ofrecidos por varias instituciones educativas internacionales (Royal College de Londres, Julliard School de Nueva York, New England Conservatory), entre ellas la Berklee School of Music. Esta escuela se instauró hace unos años en España en la ciudad de Valencia, y al frente del área de psicología se encuentra María Zarza.

Como propuesta totalmente innovadora nace en 2014 un Servicio de Psicología de la Interpretación Musical (SPIM) en el Conservatorio Superior de Vigo, gracias a la figura de Patricia Blanco, psicóloga y profesora de canto. Este departamento pretende abarcar dos facetas, evaluación e intervención, para todos aquellos alumnos del conservatorio interesados en mejorar su rendimiento académico, musical y artístico.

Al final de este artículo podréis encontrar el vídeo breve presentación SPIM a cargo de Patricia Blanco.

Como vemos en definitiva, pequeños núcleos, como el módulo de ansiedad escénica impartido por Francisco Escoda en el Master de Interpretación e Investigación Músical de la VIU, que esperemos vayan ampliándose hacia el reconocimiento que merece la psicología de la música. Confiemos en que ayudados por la psicología, como afirma María Zarza, “los tiempos en los que el profesor hablaba y el alumno solo podía escuchar o imitar pasivamente sean ya cosas del pasado”. Más vale tarde…que nunca.  

Basilio Fernández Colaborador docente del Máster Universitario en Interpretación e Investigación Musical