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Los cuatro Constituyentes del Bienestar

  • Por Edgar González Hernández
  • 13 febrero 2018

¿Cuáles son los factores psicológicos que nos pueden aportar mayor bienestar? ¿Éstos se pueden cultivar o simplemente son dados a algunas personas afortunadas que disfrutan de circunstancias especiales? ¿De dónde viene el bienestar….de las circunstancias, de nuestro estado emocional….o una combinación de los dos? Estas son algunas preguntas que se han planteado el Dr. Davidson y la Dra. Schuyler  en el capítulo 5 del Informe de la Felicidad 2015.

En este capítulo se exponen cuatro constituyentes del bienestar. Éstos tienen una profunda raíz neuronal que cambia, muta y se transforma momento a momento (neuroplasticidad).  La evidencia sugiere que el entrenamiento mental y las habilidades de aprendizaje en estas áreas pueden hacer una diferencia en la mejora del bienestar e incluso re-conectar ciertas zonas cerebrales. Si lo pensamos con detenimiento, podemos ser arquitectas de nuestro cerebro, de nuestra vida y de nuestro mundo. Esta plasticidad del cerebro permite que estas vías neuronales se generen, ejerciten y fortalezcan proveyendo el sustrato para la promoción y afianzamiento perdurable de bienestar físico y mental. Para el Dr. Davidson,  el bienestar es una habilidad sujeta al entrenamiento, similar al proceso de aprender a tocar el chelo, dónde la práctica juega un papel clave. Si se practican las habilidades del bienestar se gana mayor maestría en estas habilidades.

En cuanto al sufrimiento – un detrimento clave para el bienestar – puede, en muchos casos, estar fuera de nuestro control, si se trata de los millones de personas que pasan hambre o que viven en zonas de guerra o en lugares completamente desfavorecidos, afirma el neurocientífico. Sin embargo, además de estas formas de sufrimiento, hemos encontrado que nuestros pensamientos también pueden ser una fuente de sufrimiento, tanto en la mente como en el cuerpo. Cabe destacar que en nuestra actualidad nos enfrentamos a que la salud mental y los trastornos del comportamiento tienen un impacto económico, social y sanitario trascendente.

El hecho de que se expongan cuatro constituyentes del bienestar no quiere decir que no existan más, simplemente son los cuatro factores que se han contrastado empíricamente y han recibido más apoyo neurocientífico en los últimos años.

Estos constituyentes son:

  1. Resiliencia, la habilidad de recuperarse de la adversidad o del tono emocional negativo (Jackson et al., 2003; Russo, Murrough, Han, Charney, & Nestler, 2012). Según los autores, el tiempo de recuperación emocional o fisiológica a las dificultades es un parámetro crítico para entender la resiliencia (Schuyler et al., 2012) . A la luz de la evidencia, las personas que muestran una más rápida recuperación (o vuelta a la línea base) en circuitos neuronales específicos gozan de mayores niveles de bienestar y pueden relacionarse de manera más constructiva con las adversidades del día a día (Schaefer et al., 2013). Todo apunta a que los circuitos neuronales que fomentan la resiliencia pueden alterarse por medio del entrenamiento sistemático en prácticas simples de Mindfulness o psicoterapia (Perlman, Salomons, Davidson, & Lutz, 2010).
  1. “Saborear” o mantener las emociones positivas. El segundo componente de bienestar propuesto es la capacidad de mantener el tono emocional positivo. Ya se trate de saborear ese último bocado de postre o llevar la alegría de una actividad con amistades o familiares con los que ha interactuado a otro momento posterior, ayuda a prolongar la emoción positiva. Esta capacidad de mantener en mente esta emoción se ha demostrado que mejora el bienestar psicológico (Heller et al., 2009). En los estudios que analizan la respuesta del cerebro a imágenes positivas (por ejemplo, una madre que abraza a su bebé), se encontró que las personas con niveles más sostenidos de actividad en el estriado ventral – una zona ligada a las emociones positivas y la recompensa – muestran mayores niveles de bienestar psicológico y niveles más bajos de cortisol (hormona del estrés que es buena en niveles moderados, pero problemática en exceso) (Heller et al., 2013).
  2. Atención refinada y la rumiación mental. A pesar que el Mindfulness y las intervenciones basadas en la atención plena parecen solo una moda pasajera, los datos muestran que las personas se sienten mejor con el entorno y con ellas mismas cuando su mente está concentrada en lo que está haciendo y no está vagando o rumiando en cosas del pasado o del futuro (Killingsworth & Gilbert, 2010). Los estudios demuestran que la atención plena – estar en el momento presente – puede disminuir nuestra tendencia a querer y desear las cosas o circunstancias que no tenemos. La popularidad del Mindfulness ha dado lugar a una variedad de recursos para cultivar y practicar esta habilidad (J Davidson et al., 2012).
  1. Generosidad, Empatía, Altruismo y el cuidado de los demás. Las conductas pro-sociales como la empatía, la compasión y la gratitud comprenden otro componente del bienestar. Hay evidencia sustancial que sugiere que la participación en actos de generosidad es una estrategia muy eficaz para aumentar el bienestar en niños (Aknin, Hamlin, & Dunn, 2012) y en adultos (Dunn, Aknin, & Norton, 2008). Además, se han mostrado estos beneficios de manera transcultural (Aknin et al., 2013). El equipo del laboratorio del Dr. Davidson lo llama una situación de “ganar – ganar” porque, siendo generosas se crean las circunstancias para ayudar a las demás personas y ayudarse a sí mismo. Estudios, incluyendo el del laboratorio del Center for Investigating Healthy Minds, muestran que el entrenamiento en compasión fomenta la capacidad de una persona para empatizar con las demás y participar en un comportamiento pro- social dirigido a disminuir el sufrimiento (Kirby, Tellegen, & Steindl, 2017).

Para el Dr. Davidson y su equipo estos datos sugieren que apenas estamos comenzando a conocer cómo funciona la mente y cómo ésta moldea la experiencia humana. Esto nos puede empoderar y fomentar un cierto “halo” de responsabilidad y control sobre nuestra mente y nuestro bienestar.

¿Estás dispuest@ a tomar la responsabilidad de re-moldear tu cerebro hacia el bienestar?

 

Edgar González Hernández

Profesor del Máster en Terapias Psicológicas de Tercera Generación de la Universidad Internacional de Valencia