Las causas de la ludopatía están lejos de ser completamente conocidas, sin embargo, la ciencia ha avanzado lo suficiente como para tener identificados factores que elevan el riesgo de que una persona desarrolle un trastorno adictivo como el juego patológico.

Factores sociales, psicológicos, neurobiológicos y hasta genéticos parecen confluir para hacer a una persona más vulnerable a un trastorno que afecta entre 0, 1% y 5,8% de la población mundial (Calado y Griffiths, 2016).

¿Por qué para unos jugarse un día unas monedas en la tragaperras no pasa de ser una anécdota mientras que para otros es el inicio de un camino a la autodestrucción?

Sobre esa pregunta girará este artículo, pero empecemos por las bases, definiendo qué es la ludopatía o juego patológico.

 

¿Qué es la ludopatía?

Una de las definiciones de ludopatía más conocidas (Rosenthal, 1992) plantea que es:

“Un trastorno progresivo caracterizado por una pérdida continua o periódica de control sobre el juego, preocupación por el juego y por obtener dinero para apostar, pensamiento irracional y continuación del comportamiento a pesar de las consecuencias adversas”.

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Aunque ya están explícitos en ese concepto, es válido puntualizar algunos de los síntomas más distintivos del juego patológico. La persona afectada por ludopatía puede manifestar:

  • Preocupación excesiva alrededor del juego.
  • Incapacidad de frenar sus impulsos de apostar o de controlarse una vez ya ha comenzado a jugar.
  • Irritabilidad cuando algo le impide ir a jugar.
  • Juega para aliviar síntomas como la ansiedad o la depresión.
  • Miente a familiares y amigos sobre la verdadera dimensión del
  • Se endeuda para mantener sus hábitos patológicos.
  • Necesidad progresiva de jugar más a menudo y apostar mayores cantidades de dinero para obtener el mismo nivel de emoción.
  • Dificultades en las relaciones personales, sociales y laborales debido a las consecuencias de su adicción.

 

¿Qué causa ludopatía?

Ya avanzamos que no se conocen todos los factores que llevan a una persona a desarrollar ludopatía.

Se ha observado que en los afectados puede existir cierto desequilibrio en los neurotransmisores, químicos cerebrales, que pueden hacerles más vulnerables al trastorno.

Por ejemplo, se ha encontrado que los niveles de norepinefrina son más bajos en algunos jugadores patológicos.

Este neurotransmisor aumenta en situaciones de estrés o emociones fuertes, con lo cual las personas con ludopatía podrían compensar esos bajos niveles a través del juego.

Sin embargo, estas razones por sí solas no explican el trastorno. Se han identificado decenas de factores que pueden aumentar el riesgo de ludopatía, entre las más importantes:

  • Tener experiencia en juegos de azar desde muy temprano en la vida.
  • Historial familiar de ludopatía.
  • Ser hombre.
  • Tener actitudes positivas hacia el juego.
  • Tener fácil acceso a salones de juego.
  • Vivir en un ambiente cultural de aceptación del juego.
  • Impulsividad como rasgo de personalidad.
  • Ingresos económicos bajos.
  • Bajo nivel educativo.
  • Abuso de sustancias.
  • Haber experimentado abusos en la infancia.
  • Historial familiar de trastornos mentales o adicciones.
  • Eventos vitales traumáticos, como la muerte de un ser querido.
  • Padecer de alteraciones mentales como depresión.

 

Aunque ninguno de estos factores puede por sí solo explicar las causas de ludopatía, la confluencia de varios de ellos puede hacer que el trastorno se desencadene en una persona.

Además, no debemos ignorar situaciones especiales en las que la ludopatía puede aparecer como efecto secundario a un tratamiento farmacológico, como ocurre en muchos pacientes de párkinson que toman los llamados agonistas dopaminérgicos.

 

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Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia