La sociedad de la información y del conocimiento ofrece un espacio abierto de intercambio y comunicación. Sus herramientas principales: las redes sociales y la tecnología móvil, han trastocado los ámbitos de intercambio entre generaciones y cuando “antes ibas a tu padre a pedirle consejo, ahora vas a internet y ya lo encuentras. Todo ha cambiado.” reflexionó una joven gitana. Un estudio de la Fundación Secretariado Gitano (2017) marca en 22% la brecha digital (personas gitanas que no saben utilizar o no pueden acceder por razones económicas a las TICS). Al mismo tiempo, se reseña que más del 85% de los jóvenes gitanos tienen y utilizan habitualmente el teléfono móvil para comunicarse, buscar empleo, información o moverse por la ciudad. El recelo de las generaciones mayores ante el creciente uso de las nuevas tecnologías por los más jóvenes se justifica en el temor a un desentendimiento generacional; y en prevención de que puedan ser víctimas de acoso, discriminación o rechazo, en un ambiente hostil hacia el colectivo, que pudiera minar el sentido de identidad y/o la permanencia en los valores. La sociedad de la información abarca a las nuevas generaciones de gitanos y gitanas, y como sus congéneres no gitanos, utilizan las TICS de forma habitual, con los mismos riesgos y efectos en sus vínculos formales e informales, tal y como reporta el informe del Observatorio de Salud de la Juventud Gitana, (PNSD y FSG, 2017). Esto suma una brecha a las ya existentes entre nativos e inmigrantes digitales; entre alfabetos y analfabetos funcionales; entre clases sociales; entre personas pobres y en riesgo de exclusión. La desconfianza de los mayores es la brecha abierta entre el cambio y la subversión de las reglas de poder intrínseco al abismo generacional. Se exterioriza en temor a la aculturación y a la pérdida de sujetos a favor de una cultura ajena y extraña a los valores intrínsecos del grupo: la solidaridad y la familia. En entornos tradicionales, con enculturación principalmente oral, como el caso gitano, con dinámicas relacionales de dominación entre géneros y generación, el uso generalizado de las redes sociales y las nuevas tecnologías han incorporado a la mesa de diálogo a nuevos actores, que posicionan su voz a pie de igualdad con la establecida. La mujer gitana, es una nueva voz en esa mesa, y aunque lleva más de medio siglo demostrando que algo está cambiando bajo la superficie estereotipada de su comunidad, lo exterioriza, ganando adhesiones y neutralizando cuestionamientos internos. Con discursos a veces disonantes con el relato auto legitimante del grupo y por momentos, más conciliadoras, pretenden alejar la sombra que sobrevuela a aquellos miembros del grupo que modifican hábitos o los acercan más a los de los otros, los no gitanos. . Las redes sociales han configurado un espacio propicio para posicionar esa voz y una incipiente identidad de género complementaria al desarrollo personal que intentan posicionar como identidad proyecto, mostrándose alejadas de una posición subordinada y heteronormada, para constituirse en “motor del cambio” de su cultura y las nuevas generaciones. Pretenden eclipsar la estigmatización y discriminación persistente sobre su colectivo, al tiempo que trabajan por superar el déficit de confianza intragrupal a los estímulos exogrupales, más si llegan desde internet. También son vulnerables en las redes donde el racismo, el desconocimiento y el miedo campan a sus anchas detrás de “los mensajes sexistas, machistas, racistas, el ciberacoso, bullying (…)” (FSG, PNSD, 2017) Así y todo, las mujeres gitanas aprovechan los espacios virtuales para capitalizar su incorporación a la sociedad de la información y del conocimiento. Mediantes iniciativas como “Gitanas Avanzando” (https://gitanasavanzando.com/), promovido por mujeres de la Fundación Secretariado Gitano, y bajo el lema: “las mujeres gitanas tenemos voz y queremos que nuestra voz se escuche en Internet” buscan dar una imagen positiva y renovada; profesional y comprometida mediante la “educación digital, empoderamiento, adquisición de habilidades” para mejorar la empleabilidad de las mujeres de su etnia. Buscan la cooperación entre entidades e instituciones, recuperan la historia de personajes femeninos gitanos y ponen en valor las aportaciones del colectivo a la sociedad. Las nuevas tecnologías y las redes sociales están en este momento en el punto de mira de especialistas en prevención de adicciones, por el alto poder de atracción que ejerce especialmente entre los más jóvenes. Hay señales de alarma sobre el uso abusivo de estas y las escasas herramientas de prevención. Desde la escuela, se muestran preocupados por el descenso de rendimiento educativo y las situaciones de riesgo vinculadas a la sobre exposición a las redes sociales por parte de adolescentes y jóvenes. Frente a tanta alarma, llama la atención la estrategia que proponen desde el colectivo de mujeres gitanas al uso de las herramientas tecnológicas como vehículo catalizador del desconocimiento y la desconfianza ancestral entre ambas la minoría y la mayoría. Además, ofrecen una solución innovadora al diálogo intergeneracional para recuperar la memoria y llenar las lagunas históricas respecto a las aportaciones positivas que su grupo viene haciendo desde hace siglos: el arte, la música, la lengua, la moda. Además, intentan posicionarse como voz legítima de identidad cultural y étnica, y hacer de lo personal algo político para su colectivo, con una mirada feminista en tono propio, en beneficio de la siguiente generación. VÍDEO: https://youtu.be/PJJCQaqM5ak   María Esther López Rodríguez Profesora del Máster Universitario en Prevención en Drogodependencias y otras Conductas Adictivas de la VIU

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María Esther López Rodríguez

Profesora de la VIU

Profesora del Máster Universitario en Prevención en Drogodependencias y otras Conductas Adictivas