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¿Qué es la resiliencia y como fomentarla?

  • Por Iciar Villacieros Durbán
  • 15 noviembre 2017

Cuando una persona supera una situación difícil en la vida cotidiana decimos “es resiliente, puede con todo”. La resiliencia es un término utilizado popularmente para describir a alguien fuerte, duro, o que ha superado múltiples situaciones difíciles.

El origen del término se encuentra en la ingeniería de los materiales y fue utilizado para describir la cualidad de elasticidad de un material. Los materiales resilientes eran aquellos capaces de volver al estado inicial después de sufrir un esfuerzo. El primer estudio longitudinal que se llevó a cabo desde la psicología fue en 1982 de la mano de Emmy Werner y Ruth Smith  “Vulnerables pero invencibles: un estudio longitudinal de niños resilientes.” El objetivo inicial de los investigadores era describir las consecuencias psicológicas de los niños de la isla de Kauai (EEUU) sometidos a extrema pobreza y riesgo psicosocial.

De la muestra de 698 niños, 210 estaban viviendo en situaciones de alto riesgo (estrés perinatal, pobreza, inestabilidad cotidiana, o problemas de salud mental en los padres). Pero para su sorpresa encontraron que 72 de los 210 estaban llevando una vida muy adaptada a pesar del contexto.

Así, cambian el objeto de su estudio y nace un nuevo paradigma en psicología. En 1993, Rutter, continúa con su estudio desde las ciencias sociales definiendo las personas resilientes como “Aquellas personas que a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto riesgo, se desarrollan psicológicamente sanos y exitosos”.

Uno de los aspectos más discutidos sobre la resiliencia, es si ¿las personas resilientes nacen o se hacen? Popularmente se cree, que se es o no se es resiliente. En cambio, desde la psicología Patterson (2002) distingue la palabra resiliencia (resilience) como proceso, del concepto resiliente (resiliency) como capacidad o atributo de la persona. Esta distinción nos abre la posibilidad de desarrollar la resiliencia, como un proceso con pasos, con un antes y con un después ante un acontecimiento difícil o estresante. Pero sobre todo abre la puerta a que todos podemos desarrollarla, no restringiéndolo a una capacidad cuasi genética o de nacimiento.

Otro de los aspectos discutidos por los investigadores ha sido el resultado tras el trauma. Es decir, ¿después del golpe, cuales son las consecuencias si tengo mecanismos de resiliencia? En algunas ocasiones parece que con sobrevivir basta, o con volver al estado inicial. Pero algunos autores como Fromma Walsh (2004) han defendido que la resiliencia es un concepto que va más allá: “La capacidad de la persona para recobrarse de la adversidad fortalecida y dueña de mayores recursos”. Puesto que a menudo, los supervivientes de los traumas pueden sobrevivir, pero quedar victimizados, sin dar un sentido a lo ocurrido, atrapados en su dolor. Walsh diría que esto no es resiliencia.

Una definición más completa de la resiliencia como proceso sería “Proceso de, capacidad para, o resultado de una adaptación exitosa a pesar de circunstancias desafiantes o amenazantes” (Masten, Best y Garmezy, 1991, p. 425).

Por lo tanto, si tomamos la resiliencia como proceso se abren un sinfín de aplicaciones del mismo. Por ejemplo, una pregunta frecuente es: ¿Cómo fomentar la resiliencia en los niños? La Asociación Addima para la promoción de la resiliencia en España cuenta con numerosas experiencias de aplicación del concepto en talleres, conferencias etc. En su manual (Puig y Rubio, 2011) explican 3 actitudes/aspectos clave para fomentarla: la capacidad de compromiso, la actitud ante el reto y el control. La primera, alude a la capacidad de relacionarse con el entorno, de crear y mantener redes sociales y comprometerse con ellas. Son numerosos los estudios que relacionan el aislamiento y la falta de apoyo social con los problemas de salud mental. La segunda, se refiere a tener una actitud desafiante en la vida, aceptando las dificultades y asumiendo el error como parte del aprendizaje. Por último, tener un locus de control interno significa creer que uno mismo tiene la posibilidad de actuar ante los hechos y que es dueño de su destino.

Estas tres actitudes pueden ser fomentadas desde la familia en el proceso de crecimiento desde la infancia. Pero como se puede observar, la mirada positiva y las expectativas elevadas sobre el niño durante su crecimiento es un ingrediente clave.

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Referencias:

Masten, A. S., Best, K. M., y Garmezy, N. (1991). Resilience and development: Contributions from the study of children who overcome adversity. Development and Psychopathology, (2), 425-444.

Patterson, J. (2002). Integrating Family Resilience and family Strees Theory . Journal of Marriage and Family , 64, 349-360.

Puig, G., y Rubio, J. (2011). Manual de resiliencia aplicada. Barcelona: Gedisa.

Rutter, M. (1999). Resiliency concepts and findings: implications for family therapy. Journal of Family Therapy, 21(2), 199-144.

Walsh, F. (2004). Resiliencia familiar. Estrategias para su fortalecimiento. Madrid: Amoruntu.

Werner, E., y Smith, E. (1977). An epidemiologic perspective on some antecedents and consequences of childhood mental health problems and learning disabilities. A report from the Kauai longitudinal study. American Academy of Child Psychiatry, 292-306.

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Vídeo de YouTube:  Resiliencia y la importancia del vínculo por Boris Cyrulnik

Iciar Villacieros Durbán

Profesora colaboradora del Máster en Psicología General Sanitaria