Entre las tendencias en investigación educativa en música, varios medios publicaron en 2017 la necesidad de la interacción necesaria de la música dentro de los currículos llamados STEM. El paso del STEM al STEAM se ha iniciado en Estados Unidos hace algunos años y viene de la mano de los inicios de lo que los expertos llaman 4ª revolución industrial: la robótica y la inteligencia artificial (Schwab: 2016). Estos enfoques educativos, y por ende en la investigación asociada, están produciendo cambios en los que la música no debe quedarse, de nuevo, al margen.

Vayamos por partes. El STEM (acrónimo de Science, Technology, Engineering & Mathematics. CTIM en español) era el término usado para hablar de la política educativa para implantar en las escuelas e institutos unas mejoras en las habilidades técnicas del alumnado. Afortunadamente, se ha substituido por STEAM, que incluye la palabra Arts. La idea principal es la introducción de estas materias y despertar vocaciones científicas desde edades tempranas con el objetivo de hacer accesible la ciencia y la tecnología a todo el alumnado y tener más población potencialmente formada para estas disciplinas. También se pretende aumentar el número de mujeres que se dediquen a la ciencia, tecnología e ingenierías. El concepto STEM se empezó a usar en los años 90 por la National Science Foundation y muchos centros punteros empezaron a implementarlo, también en las escuelas, especialmente en California. Esto se debió a la detección de la falta de formación en estos campos. Para el caso español, según Eurostat, 15 de cada 1000 personas terminaba estudios en estas disciplinas a principios de los 2000. Con esto, se inició una serie de proyectos norteamericanos y europeos para potenciar estas vocaciones. Un ejemplo claro: la Comisión Europea ha dedicado más de 13 millones de euros para su programa marco 2014-2020 para proyectos STEM.

Ahora bien, centrar la educación en estas materias y dejar de lado las humanidades y las artes ha generado un movimiento educativo contrario. La idea de unir otros enfoques metodológicos, como la creatividad en el aula, la programación por competencias y el hecho de que ciertos aspectos vitales aún son patrimonio exclusivo del ser humano (pensamiento filosófico, inteligencia emocional, creación y disfrute artístico, contemplación estética, …), ha provocado la inclusión de la “A” en las STEM. Debe entenderse Arts como disciplinas artísticas, aunque algunos autores consideran que se sigue discriminando muchos aspectos humanísticos. La idea del STEAM es unir las disciplinas tecnológicas con las artísticas para poner en valor aspectos como la innovación, creación, desarrollo de la curiosidad, la imaginación, pensamiento creativo y pensamiento crítico, enfoques poliédricos a un mismo problema, etc. (Sousa y Pilecki: 2013).

Como otros movimientos pedagógicos donde la tecnología está muy presente, éste último se ha desarrollado en la Rhode Island School of Design, con especial seguimiento por las grandes universidades norteamericanas, pero hoy en día se ha extendido a gran parte del planeta. A pesar de que muchos defensores del STEM defienden sus beneficios por ser motores del cambio en el aprendizaje (PBL o ABP) o porque está más ligado a la vida cotidiana. Existen numerosos proyectos que promueven el uso exclusivo del STEM por ser moda o por tener ese componente tecnológico comúnmente confundido con la innovación. Sin embargo, hoy en día, la mayor parte de proyectos educativos punteros en Europa y Estados Unidos incluyen la “A” y promueven la inclusión de las artes y las disciplinas creativas en la educación desde edades tempranas.

 

From STEM to STEAM: Brent Bushnell and Eric Gradman (vídeo)

https://www.youtube.com/watch?v=0rAbylCphUk

 

¿Dónde queda la música en todo este lío de siglas?

No cabe duda de que los fondos para investigación suelen ir a proyectos donde los avances tecnológicos están presentes. En el caso de la Digital Humanities es evidente y existe el peligro de que nos quedemos en la mera herramienta, necesaria, pero que nunca debería ser una finalidad. Para la investigación en educación musical los investigadores deben poder demostrar los vínculos y beneficios entre la educación musical y rendimiento de STEM. Existen numerosos estudios que demuestren la correlación entre las buenas calificaciones en música y en otras materias como matemáticas, comprensión lectora, idiomas. Aquí podríamos enlazar con las polémicas pruebas PISA que no incluyen la música entre sus materias a evaluar. De esta manera, los investigadores en música deberían aplicar estos hallazgos para demostrar la necesidad de la música en un enfoque integral de la educación. Esto puede ser problemático si los fondos para investigación no van destinados a estos proyectos.

Los fondos para proyectos deberían ir a la par con la financiación de la educación musical (música en primaria y secundaria, conservatorios y escuelas de música). Los investigadores (cabe recordar la necesaria figura del docente investigador) deberán enfrentarse a estos desafíos. El campo de investigación es amplísimo tanto por el uso de tecnología para la educación musical (ejemplos de gadgets tecnológicos como Makey-Makey, Mogees o pizarras digitales) como en la innovación docente en educación emocional con música, proyectos multidisciplinares o la inclusión del STEAM en las clases de música.

En definitiva, la música dentro de las artes y humanidades son más necesarias que nunca en los sistemas educativos y los docentes e investigadores deberían focalizar sus esfuerzos en contemplar la educación de forma unitaria y aportar resultados de investigación en este sentido. El Máster en Interpretación e Investigación de la VIU favorece la formación del alumnado en algunas de las líneas de investigación propuestas anteriormente, siendo el campo de la educación musical uno de los más demandados.

REFERENCIAS

  • Cho, H. S., Kim, M. J., y Nam, K. W. (2014). Effects of “STEAM education focusing music and movement activity” on children’s problem-solving skills, creative personality, and emotional intelligence. Early Childhood Education Research & Review, 18(2), 421-445.
  • Giráldez Hayes, A., y Moreno Salto, I. (2016). Pensamiento crítico y educación musical. Eufonía: Didáctica de la música, (69), 4-6.
  • Jolly, A. (2014). STEM vs. STEAM: Do the arts belong. Education Week, 18.
  • Schwab, K. (2016). La cuarta revolución industrial. Debate.
  • Sousa, D.A., y Pilecki, T. (2013). From STEM to STEAM: Using Brain-Compatible Strategies to Integrate the Arts. Thousand Oaks. CA: SAGE.

 

Dr. Ferran Escrivà Llorca

Profesor del Máster Universitario en Interpretación e Investigación Musical de la VIU