En el ámbito académico solemos ser rigurosos y profundos a la hora de definir los conceptos, pero quizás nos olvidamos de lo verdaderamente importante. Eso que es importante lo encontramos en la simplicidad de las cosas y nos permite comprender mejor el mundo que nos rodea. Por tal motivo, los conceptos teóricos y estrictamente académicos debemos continuamente contrastarlos con la realidad que vivimos en nuestros micro-mundos.

Tal sorpresa me llevé en una clase, dónde pedí a mis alumnos que explicaran con sus propias palabras, y a través de ejemplos, lo que entendían por microeconomía. Encontré en cada ensayo distintas percepciones de este concepto tan sistemático y riguroso.

Padres que enseñan a sus hijos a leer …

Albert Muñoz dice: “Si le tuviera que explicar a mi hijo de 3 años qué es la microeconomía y para qué sirve, le diría que “son unas reglas muy sencillas que permiten entender cómo se portan las personas en un sitio”. Dentro de los ejemplos que expone Albert para explicar el concepto de microeconomía, destacaría uno de ellos. “En mi caso particular, la oferta son los minutos de lectura que ofrezco, y la demanda es mi hijo (que no tiene mucha afición a la lectura). En este caso, el precio que tengo que pagar para que mi hijo acepte una sesión de lectura de 3 minutos, es de 1 caramelo. Mi hijo, intenta maximizar su utilidad (los caramelos recibidos) compensando los minutos de “tortura lectora”. Según mi experiencia, mi hijo está dispuesto a cambiar 5 minutos de lectura por 1 caramelo. Para 8 minutos de lectura querrá recibir 2 caramelos. En cambio, para 10 minutos de lectura se necesitarán 3 caramelos.

Vivir es conocer y conocer es aprender

Por su parte, Andrés Alcolea, infiere que la “[…] microeconomía forma parte de tu día a día. Conversaciones con tus amigos, familiares, compañeros de trabajo, versan sobre microeconomía, aunque tú no le hayas puesto ese nombre”.

Andrés hace hincapié en la necesidad de conocer el mundo que nos rodea, de asimilar la historia que nos precede y de tomar las decisiones de acuerdo a nuestro propio criterio. Puntualiza que “[…] para hacerse una composición de lugar adecuada y tener una sólida argumentación, además de observar el entorno con objetividad, se debe revisar y estudiar el sistema. Conocer la historia, si bien no es definitivo, ayuda a visualizar escenarios que permitirán reacciones ágiles y con criterio”.

Microeconomía de andar por casa …

Finalmente, Alejandro Andreu explica el concepto a través de su experiencia familiar.

“no conocer la terminología no significa no saber de economía”.

Siempre que pienso en esa dichosa expresión, me viene a la cabeza la misma persona, quien encarna perfectamente el prototipo de un auténtico catedrático de economía y no tan siquiera lo sabe: mi madre.

Mi madre cumplió, el pasado mayo, 80 años y es lo que se puede decir: un ama de casa “de las de antes”. Salvo un corto período de tiempo, en el que ayudó a mi padre con las cuentas del taller, mi madre no ha trabajado […]. No obstante, llevar una casa con un marido y cuatro hijos se puede considerar todo un trabajo. ¡Y sí, un trabajo bastante duro!

Ella tiene claro qué cantidad de cada producto tiene que comprar para optimizar el presupuesto (buscando la utilidad total) y, lo más importante, sabe qué productos debe comprar porque los necesita y cuáles puede esperar a la próxima semana para hacerlo, porque aún tiene existencias en casa. Todo ello para determinar su cesta de equilibrio.

A la optimización de la compra se une, además, su maestría en hacer lo propio a la hora de aplicar su función de producción. Es decir, en emplear los elementos adquiridos, combinándolos entre sí –descubriendo así los bienes complementarios–        sacándoles el máximo partido siendo el resultado sencillamente delicioso, incluso cuando realiza alguna pequeña variación de la misma (bienes sustitutivos). Eso sí, ella no es partidaria de experimentar con la función de producto marginal. Para ella cualquier mano extra en su cocina no producirá ningún aumento del producto total, sino más bien su reducción o empeoramiento de la calidad del resultado. Vamos, que no quiere nadie que la estorbe, ¿qué le vamos a hacer?

Finalmente, y haciendo mención de la reflexión hecha por Alejandro, la microeconomía puede estar en todo lo que nos rodea:

“[…] aunque la mayoría ignoremos su terminología, todos llevamos un economista dentro; […]. Algunos, con tiempo y esfuerzo, podrán llegar al nivel de mi madre.”

https://youtu.be/JLGAyU3dy2E

 

Paula A. Nieto Alemán

Profesora del Grado en Economía de la VIU

En Colaboración con: Albert Muñoz, Alejandro Andreu y Andrés Alcolea. Estudiantes del Grado en Administración y Dirección de Empresas.