Según la Organización Mundial de la Salud, más de 50 millones de personas en el mundo padecen epilepsia. Se trata de una enfermedad tan antigua como la humanidad, que durante muchos años fue considerada como una posesión diabólica o un castigo de los dioses. Su desconocimiento popular y los temores asociados a ella han favorecido que los pacientes sufran mucho estigma social, todavía latente en nuestros días.

La epilepsia se caracteriza por la predisposición a presentar crisis epilépticas, consistentes en una actividad excesiva y sincrónica del cerebro, y por consecuencias neurobiológicas, cognitivas, psicológicas y sociales. Estas consecuencias se abordan desde una perspectiva bio-psico-social focalizada en la visión integral de la persona, en la que los/as psicólogos/as nos convertimos en agentes implicados en la promoción de la salud. Concretamente, los/as neuropsicólogos/as formamos parte de unidades multidisciplinares especializadas en esta patología, interviniendo en la evaluación, diagnóstico y tratamiento de los pacientes, junto a epileptólogos/as, neurorradiólogos/as, neurocirujanos/as, psiquiatras y personal de enfermería.

“Qué cabeza la mía…” Déficits cognitivos en personas con epilepsia

La mayor parte de personas con epilepsia puede controlar sus crisis con fármacos antiepilépticos. Sin embargo, el 30% de los pacientes tienen epilepsia fármaco-resistente, y no logran el control de las crisis con medicación. En algunos de estos pacientes, la cirugía puede ser una alternativa eficaz en el control de las crisis. Este procedimiento consiste en la resección del área cerebral epileptógena, y se realiza tras una valoración multidisciplinar exhaustiva de sus posibles riesgos-beneficios.

Tanto la exposición repetida a crisis epilépticas como los diferentes tratamientos con los que se cuenta pueden implicar déficits cognitivos, alteraciones en el estado de ánimo, y un deterioro en la calidad de vida del paciente, su autonomía y su dinámica familiar y personal. De hecho, algunas personas con epilepsia indican que sus mayores problemas no son las crisis, que pueden mantener controladas con medicación, sino otros síntomas cognitivos asociados a la enfermedad.

En Neuropsicología Clínica hemos detectado que la queja principal de los pacientes que padecen esta patología son los déficits en memoria verbal, que pueden limitar sus actividades diarias. Además, la epilepsia puede implicar alteraciones en otros dominios como la atención, las funciones ejecutivas, el lenguaje, la memoria visual y la cognición social. El perfil neuropsicológico de los pacientes depende de factores moduladores como la duración de la enfermedad, la edad de inicio de la enfermedad y del tratamiento, la localización y lateralización del foco epileptógeno, la existencia de una lesión cerebral, el género, el estado de ánimo... Hemos detectado que estos factores también pueden predecir la evolución cognitiva tras el tratamiento.

Dadas las repercusiones que la sintomatología cognitiva puede tener en estos pacientes, la rehabilitación neuropsicológica basada en la evidencia puede ser una herramienta eficaz en la mejora de su funcionalidad y su calidad de vida. Las revisiones sistemáticas muestran que este tipo de intervención tiene efectos positivos en personas con déficits cognitivos secundarios a daño cerebral. Sin embargo, no se ha evaluado de manera sistemática su eficacia en pacientes con epilepsia, aunque los escasos estudios experimentales existentes muestran resultados prometedores. Si esta línea de investigación continúa proporcionando resultados positivos, en pocos años podremos disponer de programas de rehabilitación basados en la evidencia específicos para esta patología.

¿Quieres contribuir a la visibilización de la epilepsia?

El 24 de Mayo se celebrará el Día Nacional de la Epilepsia. Infórmate sobre las actividades que se realizan en tu ciudad con motivo de este día.

Author

Irene Cano López

Máster Universitario en Neuropsicología clínica