Nadie pone en duda el altísimo valor que la educación puede tener para la transformación de la sociedad. El futuro -se reflexiona muchas veces con sabiduría-, es la gran tarea del docente, el cual, a través de la inspiración a los adultos del mañana, puede ayudar a la construcción de un mejor porvenir. Si nombrásemos algunas de las propiedades de ese futuro, con certeza muchos coincidiríamos: ausencia de contaminación y respeto integral al medio ambiente, erradicación del hambre y la pobreza, superación del cáncer… y, conscientes de la lacra que supone para nuestras sociedades, la eliminación de todo atisbo de violencia de género.

La violencia de género es un reto de todos, pero de los formadores y docentes de un modo especial. Porque la violencia de género tiene un origen multifactorial, pero algunos de los grandes factores que la condicionan tienen un vínculo específico con el aprendizaje. Ese condicionamiento provoca que múltiples estudios reflejen problemas de convivencia dentro de los centros educativos donde, desde muy jóvenes, los alumnos y alumnas son actores en uno u otro sentido de casos de violencia o acoso. Ciertamente, el precoz uso de las nuevas tecnologías de la comunicación en rangos de edad cada vez más tempranos ha originado formas diferentes de ejercer esa violencia, en múltiples ocasiones con un trasfondo en base al género, como el ciberbullying o el sexting.

Sin embargo, investigaciones recientes reflejan que, en nuestro país, un altísimo porcentaje del alumnado que se prepara para la profesión de docente: es capaz de detectar las situaciones de discriminación de género explícitas entre su alumnado, presenta una actitud muy positiva hacia la coeducación y una notoria sensibilidad hacia la igualdad como paradigma de la educación.

A pesar de ello, los futuros docentes deben hacer un importante esfuerzo e ir un paso más allá de lo evidente como puede ser detectar situaciones prototípicas de androcentrismo en el ámbito académico, así como también casos de una de las últimas manifestaciones más contemporáneas de la violencia de género, el stalking. El stalking, también conocido como acoso ilegítimo, es una figura penalmente contemplada por el ordenamiento jurídico que supone un menoscabo feroz a la libertad de la persona a través de conductas como la persecución e incluso búsqueda de la cercanía y del contacto con la víctima, así como el uso indebido de datos personales de la misma. Así, numerosos análisis determinan que las víctimas de stalking son propensas a sufrir problemas de carácter psicológico que acaban derivando en baja autoestima, ansiedad y grandes dificultades para concentrarse.

Así, los futuros educadores deben prepararse para el desafío que supone en el aula tratar de detectar y corregir conductas que en menor o mayor grado suponen violencia ordinaria y especialmente basada en el género. Pero también, deberán velar por prevenir actitudes y concepciones que puedan derivar en comportamientos inadecuados, y ayudar así a frenar la evidencia de que la violencia entre jóvenes está experimentando un aumento considerable.

El Máster Universitario en Intervención Interdisciplinar en Violencia de Género de la VIU se apoya en diferentes disciplinas entre ellas la educación. Estamos convencidos de que la vocación de servicio de los profesores y profesoras que se formen en este campo supone el mejor instrumento que tiene nuestra sociedad para la cimentación de un más justo porvenir en igualdad para todos.

Author

Dr. Luis Sebastián Castañares

Profesor del Máster Universitario en Intervención Interdisciplinar en Violencia de Género