Lo que a la vista parecen dos conceptos opuestos no lo son. No son ni siquiera un matrimonio de conveniencia, son más bien el corsé regulatorio en el que todo tipo de cambio ha de enmarcarse para poder formar parte del mercado. Mercado entendido como el lugar donde servicios, productos y agentes interactúan. Desde hace unos años venimos escuchando palabras como economía circular, economía compartida, economía colaborativa. ¿A qué responde esta cacofonía lingüística? De un modo breve podemos decir que su irrupción en España responde más bien a la crisis financiera y la puesta en relieve de que dicha crisis venía acompañada de otras crisis de carácter mucho más duradero y estructural, crisis ecológicas, crisis sociales, crisis identitarias, en definitiva, una crisis de valores que demandaba repensar el modelo sobre el que nuestra sociedad se estaba construyendo.

Bajo este cambio de modo de hacer, la economía colaborativa es, si bien no una nueva manera, si una en la que determinados aspectos del modelo dominante que habían estado medio adormilados en los libros de escuelas de negocio se ponen en valor. Es decir, es una economía basada en los conceptos de compartir, reutilizar y conectar donde la ciudadanía tiene un papel clave como agente que determina qué y cómo quiere cubrir determinadas necesidades. Ejemplos de economía colaborativa las tenemos en forma de empresa que facilitan la redistribución (Wallapop) y cambio en el modo de interacción empresa-cliente (Airbnb, Uber, Blablacar), en forma de interacción entre instituciones y ciudadanía (aplicaciones de entes locales donde individuos pueden alertar de desperfectos en la vía), en forma de foros o plataformas donde compartir conocimiento (Wikipedia, Enfemenino), o en forma de grupos de consumidores que se juntan para lograr un objetivo común alternativo (grupos de consumo auto-organizados para la compra de productos locales y sostenibles, compra colectiva de energía, o incluso plataformas de micromezenazgo como Verkami o Goteo).

Hay tres características comunes en todos estos modelos de economía colaborativa. El primero es que suponen un desafío al modelo dominante empresarial establecido en nuestras sociedades. Hay un cambio en el patrón de consumo y la gente ya no son meros compradores con un aspecto relativamente pasivo, sino que es una comunidad donde lo principal no es tanto producir para comprar sino compartir, y por ende demanda transparencia, sostenibilidad, voz y un trato a iguales. El segundo es que la tecnología es un aliado para dichas iniciativas y, si bien como dicen algunas voces, dicha economía no es tan nueva, su impacto y alcance es mucho mayor debido al uso de plataformas, webs, aplicaciones e incluso grupos de telegram o whatsapp. La tercera característica es que este modo de generar economía no deja a nadie indiferente y genera un debate vivo sobre el tipo de regulaciones a instaurar y la validez de las presentes.

A nivel europeo se dibuja la necesidad de establecer un entorno normativo claro y consistente en toda la Unión en el que haya una diferenciación entre particulares y profesionales, garantice los derechos tanto de los consumidores como de los trabajadores y que establezca los parámetros para poder adaptarse a lo que viene siendo una realidad. En palabras de Jyrki Katainen, vicepresidente de la Comisión en el comunicado de prensa de la presentación de la Agenda Europea para la economía colaborativa (2 de junio de 2016) “El próximo unicornio europeo podría derivar de la economía colaborativa. Nuestro papel es fomentar un entorno reglamentario que permita el desarrollo de los nuevos modelos de negocio, y, al mismo tiempo, proteja a los consumidores y garantice una fiscalidad justa y unas condiciones de trabajo equitativas

En dicho informe la CE hizo una diferenciación entre casos que son intermediarios digitales, lo que supone estar en el régimen de aplicación de la Directiva sobre el comercio electrónico (Ley 34/2002, de 11 de julio de Servicios de la Sociedad de Información y Comercio Electrónico) y por tanto estar excluidas de la responsabilidad de los servicios y bienes que intercambian entre si los usuarios de la plataforma, y casos que son proveedores de servicios. A efectos de España, la interpretación de la ley es lo más dificultoso sumado al tema de regulaciones locales, autonómicas y estatales. Hasta el momento, la situación es de caos regulatorio en el que sólo aquellas formas emrpesariales de volumen mayor de negocio pueden navegar lanzando distintos modelos adhoc a los requisitos de cada región y cubriendo multas de elevada suma. Si bien, la economía colaborativa necesita de un marco regulatorio, le están haciendo el traje de neonato cuando ya es un adolescente que se está comprando su propia ropa.

Un enlace a uno de los TEDtalk de Javi Creus, fundador de Ideas for Change y uno de los mayores portavoces en la economía colaborativa o lo que él mismo denomina Pentagrowth. Crecimiento en base a 5 palancas. 1) la capacidad de conectar (Connect), 2) el modo de construir el inventario (Collect), 3) el empoderamiento de los usuarios (Empower), 4) la capacitación de otras empresas para que hagan negocios contigo (Enable) y 5) la disponibilidad para compartir conocimiento abierto (Share).

El modo de producción ciudadano | Javi Creus | TEDxMadrid

https://youtu.be/a9Ezhe6nrv0

Aurora Lopez-Fogues

Profesora contratada VIU, Grado Derecho, Economía de la Empresa.