En España el diagnóstico y pronóstico del Cáncer se realiza habitualmente dentro del contexto del servicio público de salud, en buena parte durante la primera entrevista en el Servicio de Oncología Médica. Contexto que marca tanto la información que recibe el paciente como las líneas asistenciales (González, Espinosa, De la Gándara & Poveda, 1993). Aunque en las últimas décadas hemos asistido un importante cambio en la percepción de la enfermedad oncológica por parte de la sociedad española no parece tan lejano el tiempo en que en las consultas españolas la palabra cáncer no se pronunciaba cuando el enfermo estaba presente y la familia se unía bajo la llamada “conspiración del silencio”.

Hoy en día, sigue siendo un fenómeno habitual con el que debemos lidiar muchos profesionales sanitarios. Es la familia la que acuerda implícita o explícitamente alterar la información al paciente, por parte de familiares, amigos y/o profesionales sanitarios con el fin de ocultarle el diagnóstico, el pronóstico y/o la gravedad de la situación. Las consecuencias de ello pueden suponer graves consecuencias para el paciente. Sin quererlo, levantamos una barrera para la comunicación, se pueden manifestar sentimientos de soledad, incomunicación, aislamiento y algo tan importante como la sensación de falta de comprensión.

VÍDEO: La importancia de la Psicología en el tratamiento del cáncer

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Otra de las consecuencias importantes, es que al paciente no le damos la oportunidad de luchar, de enfrentarse a una situación que amenaza su vida, y para la que necesitará todo el apoyo posible. Debemos darle la oportunidad también de “cerrar” asuntos importantes que él querría resolver, y ofrecerle la oportunidad de “despedirse de sus seres queridos” si supiera que su tiempo es limitado. Todavía, los psicólogos nos encontramos familias que opinan que dando toda la información al paciente, le proporcionamos más sufrimiento que beneficio. Por un lado, está demostrado que, aunque a corto plazo la información de una mala noticia puede aumentar la ansiedad, los beneficios a medio plazo, justifican dar esa información.

Tal y como apunta Javier Barbero (2006), la información es un derecho del paciente. Él es el protagonista de todo su mundo vital y sin información ni puede ejercer un consentimiento informado para las decisiones terapéuticas ni podrá asumir esa situación vital tan decisiva que está viviendo.

En un estudio sobre la comunicación del diagnóstico de cáncer en España en el que se recogen los resultados de distintas investigaciones, Centeno y Núñez Olarte (1998), afirman que en nuestro medio un 40-70% de los enfermos con cáncer conocen la naturaleza maligna de su enfermedad aun cuando sólo un 25-50% han sido informados de ello. Por esto afirman que el enfermo sabe habitualmente bastante más de lo que se le ha dicho probablemente porque tiene otras fuentes de información (entre ellas su propio organismo).

En ocasiones, la familia rechaza que se comunique la gravedad de la situación clínica al paciente, otras veces es la familia la que evita la comunicación abierta con el paciente sobre su verdadera situación, aunque el paciente esté informado. En ambos casos, el coste emocional del engaño para el familiar es agotador. Acudir a las citas médicas antes que el paciente, llamar al médico para avisar, enviar cartas, pedir informes, etc. suponen una situación de alto nivel de estrés y elevada carga emocional. Lo que si es cierto es que somos conscientes de que la conspiración de silencio no surge desde el deseo de no respetar los derechos del paciente, ni desde el deseo de hacerle mal, sino más bien de proteger a alguien a quien amas y que está en una situación de enorme vulnerabilidad. Los psicólogos ayudamos al paciente en su proceso de adaptación a la enfermedad manejando la información adecuada a sus necesidades en los distintos momentos por los que atraviesa. Al mismo tiempo, tenemos que prevenir o evitar la conspiración de silencio antes de que se constituya en un problema, apoyando a la familia en el proceso de adaptación y manejo de la enfermedad.

En definitiva, debemos trasladar al paciente y a la familia, que se trata de un proceso, no es el final; es el inicio de otra etapa más en la vida.

 Bibliografía

Barbero J. (2006). El derecho del paciente a la información: el arte de comunicar. Anales del Sistema Sanitario de Navarra (Pamplona). vol.29 supl.3.

Centeno C., & Núñez J.M. (1998). Estudios sobre la comunicación del diagnóstico de cáncer en España. Med Clin (Barce); 110: 744-750

González M., Espinosa E., De la Gándara I. & Poveda J. (1993).  La información al paciente con cáncer. Concepto de verdad soportable y progresiva (editorial). Neoplasia; 10: 7-8

Marta Cortijo Torres

Doctora en Psicología y profesora del Máster Universitario en Psicología General Sanitaria de la VIU