Una reciente investigación americana demuestra que las emisiones tóxicas que respiran los habitantes de las grandes ciudades producen en ratones la aparición de genes relaciones con tumores. El estudio del Centro de Investigación en Nanomedicina de Los Ángeles sometieron, de forma prolongada, a un grupo de ratones al aire que se respira en la ciudad de Los Ángeles y con el tiempo los roedores sufrieron en su cerebro un proceso de inflamación y la aparición de genes relacionados con el cáncer. El informe también determina cómo las partículas contaminantes entran a través de los pulmones en el cuerpo de los ratones, se integran con la corriente sanguínea, y llevan estos productos tóxicos milimétricos hasta el cerebro.

Unas conclusiones que van en la misma línea que otro estudio epidemiológico a gran escala que concluye que el cáncer de pulmón no es el único vinculado con la polución. La investigación, publicada en la revista Environmental Health Perspectives, hizo un seguimiento durante 22 años (de 1982 a 2004) a más de 60.000 personas adultas de Estados Unidos que forman parte del Estudio II de Prevención contra el Cáncer. El equipo científico relacionó la mortalidad por 29 tipos de cáncer con la exposición residencial a tres contaminantes ambientales: PM2,5, dióxido de nitrógeno (NO2) y ozono (O3). De sus resultados destaca que más de 43.000 personas murieron por cáncer no pulmonar.

La contaminación atmosférica está clasificada como cancerígena para las personas por su relación con el cáncer de pulmón, pero había poca evidencia científica de su posible asociación con otros tipos de cáncer. Este nuevo estudio del Instituto Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Sociedad Americana contra el Cáncer, sugiere la contaminación del aire con muertes por cáncer de riñón y  vejiga. Una vuelta de tuerca más para tomarse más en serio la contaminación ambiental.

 

LA OMS TAMBIÉN SE SUMA

Más de diez años lleva la Organización Mundial de la Salud (OMS) haciendo un seguimiento de la contaminación del aire. En su base de datos sobre calidad del aire ambiente figuran actualmente más de 4.300 ciudades de 108 países. Los datos que acaba de publicar la OMS son muy similares a los del informe anterior (2016), por lo que en dos años no ha habido progresos significativos.

Respirar causa cuatro veces más muertes que el sida, la tuberculosis y la malaria juntas: siete millones al año, casi tantas como todos los cánceres. Porque el aire que inspiran nueve de cada diez personas está contaminado, en mayor o menor medida. En 2016 sólo la contaminación del aire provocó aproximadamente 4,2 millones de muertes, mientras que la contaminación del aire doméstico originada por la cocción de alimentos con combustibles y tecnologías contaminantes causó unos 3,8 millones de muertos.

La OMS reconoce que la contaminación del aire es un factor de riesgo crítico para las enfermedades no transmitibles (ENT), ya que se estima que causa una cuarte parte (24%) de todas las muertes de adultos por cardiopatías, el 25% de las muertes por enfermedades cardiovasculares, el 43% de las muertes por neumopatía obstructiva crónica y el 29% de las muertes por cáncer de pulmón.

                                                                                              DEL AIRE.

Más del 90% de las muertes relacionadas con la contaminación del aire se producen en países de ingresos bajos, principalmente de Asia y África. Unas 3.000 millones de personas -más del 40% de la población mundial- siguen sin tener acceso a combustibles y tecnologías de cocción limpios en sus hogares.

La OMS consciente del problema de salud pública, derechos humaos y equidad, se ha propuesto intentar revertir la situación y tomar medidas urgentes para conseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible,la agenda que la comunidad internacional ha trazado hasta 2030 para conseguir un mundo más habitable. A finales de octubre está prevista una primera cumbre mundial para tratar de paliar las consecuencias de la polución en nuestra calidad de vida.

Author

Antonio Romero

Profesor en el Máster en Comunicación Social de la Investigación Científica