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Incluir la Felicidad en el Curriculum Escolar

  • Por Ernesto Colomo Magaña
  • 20 marzo 2017

Nuestro sistema educativo se preocupa por la calidad de su enseñanza, medida en muchos casos mediante los resultados académicos del alumnado en pruebas estandarizadas (PISA); la innovación del proceso educativo, sustentado principalmente en la incorporación de las TIC al aula y al ejercicio de la docencia (con independencia de la formación que deben tener los docentes para dar un enfoque didáctico y pedagógico al uso de dichas herramientas); así como al desarrollo de nuevas metodologías.

El fin se dirige a la meritocracia y capacitación para el acceso a un mercado laboral en constante cambio cuyas futuras profesiones incluso desconocemos.

Entre las competencias educativas queda el formar ciudadanos para convivir democráticamente y de manera positiva y pacífica en sociedad. Sin embargo, el curriculum no nos enseña a equivocarnos, fracasar y aprender de los errores para salir fortalecidos (resiliencia); no nos enseña a ser autónomos y a cultivar nuestro crecimiento interior (); no nos enseña a interrelacionarnos positivamente y aprender a comunicarnos de manera asertiva (habilidades sociales); no nos enseña a ponernos en el lugar del otro y entender sus actos y contexto antes de tomar decisiones o actuar (empatía); no nos enseña a gestionar y controlar nuestras reacciones ante las diferentes situaciones fruto de la convivencia con los demás (educación emocional); no nos enseña a desarrollar aquellos valores y actitudes que favorezcan nuestro crecimiento personal y nuestra construcción identitaria (axiología educativa); no nos enseña que somos seres finitos y que debemos aprovechar cada momento que tenemos en nuestra vida ante la inminencia de la muerte (pedagogía de la muerte); no nos enseñan a pensar por nosotros mismos ni a reflexionar sobre nuestras ideas, solo a repetir premisas ya fijadas sin análisis, interpretación y argumentación de lo que decimos (pensamiento crítico). Pese a que somos el resultado de interactuar con la vida,  adolecemos de un espacio curricular para aprender a ser felices.  No tenemos un tiempo educativo que se centre en el desarrollo de nuestro bienestar psicológico.

El profesor Toshiro Kanamori[1]entiende la educación como el proceso que permite a las personas ser felices y vivir con alegría. Compartiendo esta visión, queda claro que tanto la educación como los docentes jugamos un papel clave, dirigiendo nuestra acción al progreso y evolución del ser humano. Como dice Fernández (2009, p. 234), “la felicidad tiene mucho que ver con el sentido de la propia vida, con encontrar valor y disfrutar cada momento como algo único y valioso a vivir, aceptando lo que es, disfrutando y viviendo lo que uno es”. Por lo tanto, debemos facilitar al alumnado los medios para que puedan enfrentar su realidad, ayudándoles a que sepan qué es lo que quieren hacer con su existencia, desarrollen todas sus potencialidades y decidan su propio destino (Costa y López, 2006; Fernández, 2005; Fernández et al., 2009; Lacasse, 1995).

Para ello, es deseable que la educación conlleve la autorrealización de cada niño, abarcando desde la protección de los sentimientos, emociones y autoestima en el alumnado, hasta la ampliación de sus oportunidades de elegir, reconocimiento de su singularidad, identidad colectiva, personalidad individual y de su particularidad cultural (Fernandez y Terren, 2008).

Apostamos porque la felicidad llegue a las aulas, algo que ya se ha realizado en diferentes lugares, donde pioneros como Sir Anthony Sheldon (director del Wellington College) incluyeron en el curriculum ese espacio para las clases de felicidad. Debates sobre emociones, fijación de objetivos vitales positivos, aprender a sobrellevar la ansiedad y/o el estrés son algunas de las prácticas que en los últimos años han tomado forma en las aulas. La felicidad se puede aprender y entrenar, como podemos ver en esta charla TED de María José Moreno.

La felicidad se entrena – Mariajo Moreno (Charla TEDxMurcia).

Por todos estos aspectos comentados, sostenemos que la felicidad debería conformar parte del curriculum educativo. El problema surge a la hora de definir la orientación que se le darían a estos contenidos dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje, existiendo diferentes perspectivas en función de la modalidad por la que apostemos. Las posibilidades se resumirían en trabajar la felicidad como una materia transversal; impregnar todo el curriculum sin la entidad de una asignatura específica para ello; o bien conformado una asignatura propia dentro del plan de estudios.

Si abogamos por el enfoque transversal, los contenidos en torno a la felicidad estarían presentes en las diversas asignaturas y, sobre todo, mediante el ejercicio profesional docente. Desde esta óptica, nuestra labor como docentes será acompañar al alumno en su proceso de reconstrucción identitaria, teniendo a la felicidad y a los diferentes elementos que forman parte de esa ecuación como objetivos a alcanzar desde el desempeño educativo de las materias que estemos impartiendo. Es una labor compleja pues conlleva cambiar el foco, situándolo no solo en nuestra asignatura, sino también en el desarrollo personal del alumnado, conjugando a la vez la libertad de cátedra, el carácter del propio docente y los intereses y prioridades del alumnado.

Al optar por impregnar todo el curriculum sin un espacio concreto para abordar teóricamente la propia felicidad, el problema surge al no trabajar ninguno de los factores que comentamos al inicio, impidiéndonos lograr una mejor comprensión de su importancia para el desarrollo integral de las personas. Además, todo dependería del papel/rol del docente, pues su ejemplo junto con la convivencia entre todos serían los canales para la adquisición de los contenidos. La forma de ver la realidad, la motivación y el bienestar psicológico del profesorado se trasladarán en sus acciones, comportamientos y actitudes, aprendiendo el alumnado de lo que ve. En este sentido, el profesor tiene función espejo, siendo ejemplo de cómo alcanzar ese bienestar personal ante las distintas situaciones que la vida nos plantee. Hemos de predicar con el ejemplo, porque como dice Naranjo (2004), “los seres humanos tienen una disposición innata a «seguir» a un modelo, y en su vida es claro que se dejan guiar por aquellos a quienes admiran” (p. 68). El principal problema de esta propuesta es el bienestar “real” de todo el profesorado para trasladar mediante su ejemplo las enseñanzas de los factores que intervienen en la felicidad. Si queremos educar para el desarrollo integral y la felicidad de nuestros alumnos, el primer requisito es que el docente sea feliz, ya que como afirman Sáenz-López y Díaz (2012), “cómo nos va a enseñar a encontrarnos quienes ni siquiera saben que están perdidos” (p. 32).

La última opción conlleva plantear una asignatura sobre la felicidad con entidad propia dentro del curriculum escolar. Un espacio de reflexión, experimentación, autoconocimiento, evolución, crecimiento y desarrollo para el alumnado desde una perspectiva global e integral. Sería la opción más acorde tras lo propuesto, pero somos conscientes que también presenta una serie de limitaciones, entre las que se encuentra el horario escolar ya de por si sobrecargado (siendo complejo encontrar un espacio para una materia que no está asociada de manera explícita a los resultados académicos desde una visión resultadista de los mismos); dotarla de un papel secundario dentro del curriculum (el no tener un valor equiparable al resto de materias puede resultar contraproducente para el fin de la materia, que es favorecer el bienestar psicológico de nuestro alumnado)  o la elección de unos contenidos exentos de la subjetividad que la cultura o la sociedad pueda atribuir al concepto de felicidad (podemos caer en el error de incluir contenidos asociados a ideologías y de alguna manera provocar una manipulación con carácter subversivo). No obstante, no descartamos esta opción, pero estimamos necesario ser totalmente sinceros ante unos aspectos que deben ser considerados a la hora de tomar la mejor decisión.

Para finalizar, recordar las palabras del poeta Mario Benedettí (2013), sobre la idea de superar las adversidades y seguir hacia delante. La felicidad no es la ausencia de problemas, si no la actitud positiva y el bienestar ante los acontecimientos que protagonizan nuestras vidas.

“No te rindas, aún estas a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo, aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo. No te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, correr los escombros, y destapar el cielo. No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento. Porque no estás solo, porque yo te quiero” (p. 29-30).

Dr. Ernesto Colomo Magaña

Profesor colaborador en el Grado de Educación Primaria y en el Grado de Educación Infantil de la Universidad Internacional de Valencia.

 

Bibliografía:

Benedetti, M. (2013). Entre los poetas míos…Mario Benedetti. Poesía Social (Colección antológica), 7, 1-64.

Costa, M. y López, E. (2006). Manual para la ayuda psicológica. Dar poder para vivir. Más allá del counseling. Madrid: Pirámide.

Fernández, M. R. (2005). Más allá de la educación emocional. La formación para el crecimiento y desarrollo personal del profesorado. PRH como modelo de referencia. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 54 (19,3), 191-246.

Fernández, M.R. (2009). Construyendo nuestra felicidad para ayudar a construirla. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 66 (23,3), 231-269.

Fernández, M. R., Palomero, J. E. y Teruel, M. P. (2009). El desarrollo socioafectivo en la formación inicial de los maestros. Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 28 (12,1), 33-50.

Fernandez, M., y Terren, E. (2008). De inmigrantes a minorías: temas y problemas de la multiculturalidad. Revista de Educación, 345, 15-21.

Lacasse, M. (1995). De la cabeza al corazón. El camino más largo del mundo. Santander: Sal Terrae.

Naranjo, C. (2004). Cambiar la educación para cambiar el mundo. Álava: La Llave.

Sáenz-López, P. y Díaz, P. (2012). La educación de la felicidad. Revista Wanceulen EF Digital, 9, 25-36. Disponible en web: http://www.wanceulen.com/ef-digital. (Consulta el 15/08/2015).

[1] Life coaching workshops (2014). Pensar en los demás – Toshiro Kanamori [Archivo de vídeo]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=yNjSC6MI51E