Las personas que conviven con enfermos de Alzheimer, ya sea cuidadores formales o informales, sienten a menudo una profunda confusión al no comprender porqué la persona a veces actúa de manera irracional o inadecuada, llevándoles a pensar en muchas ocasiones que tales conductas son meros síntomas de la enfermedad, y por tanto inevitables, pero… ¿por qué actúa así?, ¿Por qué algunos días está apático/a? o ¿por qué de pronto se pone agitado, excesivamente nervioso o agresivo? La realidad es que detrás de tales comportamientos suele haber en la mayoría de casos una necesidad no cubierta que no estamos sabiendo detectar. Sin embargo, no siempre hay tiempo para descubrir qué hay más allá de lo que vemos, para interactuar y/o comunicarnos con ellos,  y en los centros o residencias existe un importante número de usuarios y muchas tareas que atender. En definitiva, vivimos con “el piloto automático”.

¿Cuántas veces sucede que por falta de tiempo realizamos cualquier acción sin dar explicaciones de ello?, por ejemplo: ¿Cuántas veces movemos a un usuario de un espacio o estancia del centro a otro sin decirles nada porque hay otras muchas tareas que atender y no hay tiempo para explicaciones?

Quizá…se ha puesto nervioso porque no sabe a dónde va, o está enfadado porque quería o prefería seguir donde estaba y no le hemos preguntado.

¿Cuántas veces se les pregunta algo y ante la demora de respuesta o la ausencia de respuesta se confeccionan otras muchas preguntas diversas en torno a lo mismo para que nos responda lo antes posible?, o ¿cuántas veces le planteamos diversas alternativas para ver cuál de todas es la que trata de decirnos?

Quizá…lo notes agitado porque es posible que con tanta pregunta se haya visto algo agobiado.

¿Cuántas veces hay planificado y cerrado unas actividades y uno se centra en tratar de hacerlas y acabarlas pese a que su actitud ya no es la misma y parece que quiera marcharse, lo notas pasivo y vacilante con respecto a la actividad?

Quizá…esté apático y desganado porque ya no quiere seguir con la actividad que está haciendo.

¿Está triste y apático sin ganas de hacer nada o sin apetito?

Quizá…es buen momento para plantearse que las personas con Alzheimer no dejan de necesitar cariño, contacto e interacción con ellos, recibir atención y que se le haga sentir feliz.

¿Se enoja o se agita sin motivo aparente?, ¿de pronto reacciona agresivamente?

Quizá…no entiende que es lo que se espera de ella, o se frustra porque no puede hacerse entender. O quizá se comporta así porque existen necesidades ocultas o insatisfechas que no han sido identificadas (tiene calor, el agua de la ducha esta fría, se aburre, tiene hambre…y no sabe comunicárnoslo), o se siente vulnerable ante el entorno y quizá necesita sentir seguridad y comodidad.

Quizá… ¿Estamos ante un fallo de comunicación?

Trata de entender por qué actúa así, escucha su lenguaje y observa más allá de las palabras: su mirada, sus gestos, su expresión facial…y busca sus necesidades. Todos merecemos ser tratados con dignidad y respeto.  

A menudo la dignidad se mide con pequeños gestos como el permitir que elija su forma de vestirse y en cómo se le ayuda a vestirse y asearse; el indagar qué tipo de música desea escuchar independientemente del estilo y género musical; conocer cuáles son sus gustos y aficiones porque tal vez quiere que sigan formando parte de su vida; ser consciente de si se habla de esa persona cuando aún está delante; darse cuenta que quizá quiere preservar su intimidad y desearía que le tocaras a la puerta antes de entrar en su habitación; que le llames por su nombre y no con un diminutivo; que no le digas las mismas frases que se le dicen a su nieto como “te lo tienes que acabar todo sino…”, “compórtate o pórtate bien”; y un sinfín de pequeños gestos que están en nuestro día a día.

Para el piloto automático, y ve más allá de las palabras. 

Author

Alicia Sales Galán

Profesora colaboradora del Máster Universitario en Gerontología y Atención Centrada en la persona