El concepto diagnóstico del retraso mental (RM) fue desarrollado por la Asociación Americana de Retraso mental en el año 1992 y está incluido en la DSM-IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Desórdenes Mentales) dentro de los trastornos de inicio en la infancia, niñez y adolescencia. Históricamente, se ha considerado que una persona tenía algún tipo de retraso mental cuando sus puntuaciones en el test de coeficiente intelectual (CI) se situaban por debajo del promedio observándose, además, déficits adaptativos.

El concepto clásico del retraso mental leve

Dentro de la concepción clásica del retraso mental, desde un punto de vista clínico y académico se consideraba que un niño sufría un retraso mental leve cuando presentaba las siguientes características:

  • Un CI entre 55 y 70. Es decir, un coeficiente inferior a la media, pero sin llegar a unos índices muy bajos.
  • Deterioro de la capacidad adaptativa.
  • Comienzo en la infancia.
  • Déficits o alteraciones para satisfacer las exigencias planteadas según su edad o grupo cultural. Este trastorno debe ser evidente en dos o más de las siguientes áreas: comunicación, cuidado personal, vida domésticas, ocio, habilidades sociales interpersonales, trabajo, utilización de recursos comunitarios, salud y seguridad.

Un término incorrecto y en desuso

Las investigaciones más actuales sobre lo que se consideraba como retraso mental hacen hincapié en que no se trata de una característica innata del individuo, sino del resultado de la interacción entre las capacidades intelectuales de cada niño o persona y el ambiente, es decir, la concepción actual se ajusta a un modelo biopsicosocial. Otro aspecto importante es que este trastorno no es permanente, sino que puede variar a lo largo del ciclo vital de la persona.

En el XV Congreso Nacional de Psiquiatría celebrado en Oviedo en el año 2011, y que fue organizado conjuntamente por la Sociedad Española de Psiquiatría, la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica y la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental, se anunció la desaparición del término «retraso mental», siendo sustituido por el de «trastorno del desarrollo actual».

Esta modificación fue anunciada por Geoffrey M. Reed, en aquel momento director de proyectos del departamento de Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud (OMS), durante su intervención en el citado congreso, lo que demuestra la oficialización de este cambio de terminología y también de su modelo de evaluación.

retraso mental leve

Los expertos consideran que los trastornos del desarrollo intelectual constituyen un problema médico, psicológico, educativo y social, que sólo puede ser abordado desde un enfoque multidisciplinario. Su tratamiento desde un punto de vista unilateral es claramente ineficaz y no conduce a otra cosa que a equivocaciones y estancamientos.

El concepto de inteligencia es muy complejo, por este motivo los tests de medición del CI pueden servir como referencia, pero en cualquier caso no constituyen un método totalmente objetivo e infalible. En este sentido, los últimos modelos diagnósticos están dando una mayor importancia al nivel de desenvolvimiento en la vida diaria de las personas con este trastorno que a los clásicos índices de medición cuantitativa de competencias y capacidades en materias como el lenguaje o las matemáticas.

La adecuada estimulación de los niños con algún déficit de desarrollo intelectual tanto en el aula como, principalmente, por parte de sus padres y familias, junto a aspectos relacionados con el nivel económico y cultural de su entorno han demostrado que este tipo de personas pueden llegar a alcanzar unos niveles de desarrollo e integración social y laboral que les permitan llevar una vida totalmente normal.

Las palabras y lo términos tienen un enorme poder e influencia en las personas y la sociedad, y éste puede ser tanto positivo como negativo. Por este motivo, referirse a este problema como un trastorno del desarrollo intelectual y no como retraso mental nos parece una paso adelante de cara a lograr un modelo educativo y social basada en la integración la inclusión y aceptación de las diferencias y la diversidad.

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia