El olivo es uno de los árboles cultivados más antiguos. Su origen exacto aún es incierto, si bien ciertas investigaciones apuntan a un origen localizado en Siria (Diez et al., 2015), desde donde sería transportado a otras áreas geográficas del Mediterráneo, mientras que otros estudios indican un posible origen autóctono de ciertas regiones geográficas del Mediterráneo. Independientemente de su origen, lo cierto es que el producto derivado de su prensado, el aceite de oliva, se conoce y emplea desde las culturas de la Antigüedad, siendo empleado como combustible, alimento, lubricante, en cosméticos, etc.

En las últimas décadas, en la ciencia de los alimentos hemos observado que el consumo del aceite de oliva, especialmente del aceite de oliva virgen extra, está asociado con diversas acciones beneficiosas sobre la salud que van más allá de su valor nutritivo (Gorzynik-Debicka et al., 2018; George et al., 2018). El aceite de oliva, por su composición de ácidos grasos, la cual se caracteriza por un elevado contenido de ácidos grasos monoinsaturados en forma de ácido oleico en su mayor parte, junto con cantidades menores de ácidos grasos poliinsaturados, supone un aceite vegetal saludable. La composición de su perfil de ácidos grasos se asocia con un incremento de las lipoproteínas circulantes en sangre HDL, las denominadas comúnmente como “colesterol bueno”, mientras que se correlaciona con un descenso de las LDL, el denominado “colesterol malo”. Todo ello contribuye a considerar al aceite de oliva como un alimento con un potencial efecto de reducir el riesgo de padecer enfermedades y patologías cardiovasculares, tales como la ateroesclerosis.

Más allá del saludable perfil de ácidos grasos del aceite de oliva virgen extra, lo cierto es que este alimento se encuentran más compuestos químicos de origen natural que los propios ácidos grasos. En este alimento encontramos también otra serie de compuestos que, si bien carecen de un valor nutricional, su consumo se asocia con diversos efectos beneficiosos para la salud. Tal es el caso de dos grupos de compuestos químicos cuya acción beneficiosa estudiamos en la ciencia de los alimentos, los compuestos fenólicos y los terpenos.

Los compuestos fenólicos presentes en el aceite de oliva, tales como el tirosol, hidroxitirosol o la oleuropeína. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) tras revisar las investigaciones relativas al consumo de los compuestos fenólicos del aceite de oliva, ha concluido que para estos existe una evidencia suficiente, concediéndole una declaración de propiedades saludables (EFSA et al., 2011). En este sentido, la EFSA decreta que el consumo diario 20 g de un aceite de oliva que contenga al menos 5 mg de hidroxitirosol y sus derivados (por ejemplo, de oleuropeína o tirosol) se asocia con efectos cardioprotectores, ya que los compuestos fenólicos del aceite de oliva contribuyen a la protección de los lípidos de la sangre frente al daño oxidativo.

En Ciencia de los Alimentos hemos observado, además, otros efectos beneficios para la salud asociados a los compuestos fenólicos presentes en el aceite de oliva, si bien estos aún carecen de evidencia científica suficiente como para que la EFSA les asigne una declaración de propiedad saludable. Los investigadores hemos observado un efecto de los compuestos fenólicos del aceite de oliva de modificar el perfil de las poblaciones bacterianas (Martín-Peláez et al., 2017). En la última década, las investigaciones que sugieren una relación entre el perfil existente de las poblaciones de microorganismos intestinales con el estado fisiológica del individuo han incrementado. De este modo, actualmente estamos estudiando la relación existente entre la microbiota y la salud para comprender mejor dicha interacción.

En este sentido, hemos observado que el exceso de grasas saturadas modifica el perfil de la microbiota hacia un perfil no designado como no saludable, pues se asemeja a aquel que se encuentra en los individuos adultos obesos. Por el contrario, hemos observado que el consumo de aceite de oliva virgen extra tiene un potencial efecto de modular la microbiota a un perfil de bacterias similar al que se encuentra en los adultos sanos. Este efecto ha sido asociado en diversos estudias a la capacidad de los compuestos fenólicos de incrementar aquellas poblaciones de bacterias que se asocian con un estad fisiológico saludables y una inhibición de las bacterias asociadas con estados patológicos.

Con todo ello, puede concluirse que el aceite de oliva es un alimento natural, tradicional y saludables que puede contribuir en nuestra dieta a la prevención del desarrollo de ciertas patologías asociadas al síndrome metabólico, como por ejemplo, las enfermedades cardiovasculares (Nocella et al., 2018).

 

Referencias bibliográficas

Diez, C. M., Trujillo, I., MartinezUrdiroz, N., Barranco, D., Rallo, L., Marfil, P. and Gaut, B. S. (2015). Olive domestication and diversification in the Mediterranean Basin. New Phytol, 206: 436-447. doi:10.1111/nph.13181.

EFSA Panel on Dietetic Products, Nutrition and Allergies (NDA) (2011). Scientific Opinion on the substantiation of health claims related to polyphenols in olive and protection of LDL particles from oxidative damage (ID 1333, 1638, 1639, 1696, 2865), maintenance of normal blood HDLcholesterol concentrations (ID 1639), maintenance of normal blood pressure (ID 3781), “antiinflammatory properties” (ID 1882), “contributes to the upper respiratory tract health” (ID 3468), “can help to maintain a normal function of gastrointestinal tract” (3779), and “contributes to body defenses against external agents” (ID 3467) pursuant to Article 13(1) of Regulation (EC) No 1924/2006. EFSA Journal, 9(4):2033 [25 pp.]. doi: 10.2903/j.efsa.2011.2033.

George, E. S., Marshall, S., Mayr, H. L., Trakman, G. L., Tatucu-Babet, O. A., Lassemillante, A. M., Bramley, A., Reddy, A. J., Forsyth, A., Tierney, A. C., Thomas, C. J., Itsiopoulos, C. and Marx, W. (2018). The effect of high-polyphenol extra virgin olive oil on cardiovascular risk factors: a systematic review and meta-analysis. Critical Reviews in Food Science and Nutrition, DOI: 10.1080/10408398.2018.1470491.

Gorzynik-Debicka, M., Przychodzen, P., Cappello, F., Kuban-Jankowska, A., Marino Gammazza, A., Knap, N., … Gorska-Ponikowska, M. (2018). Potential Health Benefits of Olive Oil and Plant Polyphenols. International Journal of Molecular Sciences, 19(3), 686. doi:10.3390/ijms19030686.

Martín-Peláez, S., Mosele, J., Pizarro, N. et al. Effect of virgin olive oil and thyme phenolic compounds on blood lipid profile: implications of human gut microbiota (2017). Eur J Nutr, 56: 119. https://doi.org/10.1007/s00394-015-1063-2.

Nocella, C., Cammisotto, V., Fianchini, L., D’Amico, A., Novo, M., Castellani, V., Stefanini, L., Violi, F. and Carnevale, R. (2018). Extra Virgin Olive Oil and Cardiovascular Diseases: Benefits for Human Health. Endocrine, Metabolic & Immune Disorders - Drug Targets, 18(1):4-13. doi: 10.2174/1871530317666171114121533.

Autor

Juan Antonio Nieto Fuentes

Profesor del Máster Universitario en Nutrición y Salud