Invertir en Educación, Tecnologías e innovación es también educar en el uso de las redes.

Hablar de redes sociales, de redes sociales en clase y de menores, es un cóctel que podemos considerar peligroso si no tenemos en cuenta ciertas pautas e indicadores.

Muchos ejemplos nos muestran que en las redes sociales es difícil que cada usuario controle todos y cada uno de los aspectos relativos a la seguridad, y sobre todo la privacidad. Podemos mencionar el escándalo de hace unos meses con la filtración de datos personales desde la red social Facebook en el caso de Cambrigde Analytica.

Otro aspecto a considerar es que las redes sociales más populares (Facebook, Twitter, Google) están dirigidas por empresas o grupos financieros que deben buscar una rentabilidad al servicio (de base) gratuito que prestan. Los intereses económicos y financieros mueven a estos grupos a generar necesidades comerciales que nos impulsan a comprar u orientar nuestra compra. Tenemos como ejemplo la multa récord a Google en 2017 por abuso de poder dominante.

Cyberbulling, Sexting, robos de identidad o pishing son otros de los términos que contribuyen a la discutible visión de las redes sociales.

Por otro lado, en España, un 75% de los jóvenes, de entre 10 y 18 años, usan asiduamente las redes sociales, una herramienta que les permite comunicarse con sus amigos, afianzar sus relaciones sociales “reales”, programar eventos, iniciar nuevas amistades o jugar. Así mismo, a nivel educativo, cada vez son más las instituciones que usan grupos de Facebook u otras redes para enseñar a gestionar comunidades de aprendizaje entre sus alumnos.

¿Son conscientes esos jóvenes de los riesgos que corren con el uso cotidiano de las redes sociales? ¿Y las instituciones? ¿Conocen los padres cómo afrontar dichos riesgos en el caso de menores?  ¿De qué manera nuestra sociedad nos prepara para un uso “seguro” y “responsable” de estas herramientas?

No podemos detener el tiempo, es una evidencia que las redes sociales forman parte de nuestra actividad cotidiana y están presentes cada vez en más ámbitos de nuestra vida y de la de nuestros jóvenes.

Es ineludible la necesidad de concienciar a niños y adolescentes de los riesgos que corren cuando publican imágenes o vídeos personales, cuando escriben opiniones personales sobre un evento, cuando etiquetan a un compañer@ en una foto, cuando geolocalizan su teléfono móvil o cuando no configuran la privacidad de su perfil.

Además, tanto adultos, jóvenes e instituciones son habitualmente el objetivo de grupos financieros, de manipulaciones comerciales o de personas malintencionadas.

La escuela contribuye al desarrollo del pensamiento crítico una alternativa crucial que nos ayudaría a comprender mejor estos aspectos. Se requiere práctica y experiencia para conocer las redes y poder alertarnos. Por estas razones pensamos que la escuela es el lugar ideal para formar en el uso consciente y pertinente de estos medios.

Consideramos que, hoy en día, es tan importante aprender inglés, historia o matemáticas en clase, como el aprender a usar de forma crítica y segura las redes sociales. Este aprendizaje es imprescindible y debería formar parte de los programas escolares. Es una obligación real de nuestras instituciones incluirlo como asignatura en los planes de estudio. La alfabetización digital y el conocimiento de redes sociales ha pasado de ser una necesidad en entornos educativos para convertirse en una obligación real de nuestras instituciones educativas.

Habilidades del siglo XXI - Pensamiento Crítico

Author

Marta Toribio Fontenla

Profesora en el Máster Universitario en Educación, Tecnologías e Innovación