El déficit atencional es uno de los temas de los que más se habla a día de hoy en relación con los niños y los adolescentes. En concreto, se relaciona directamente con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, conocido por sus siglas TDAH.

Sin embargo, hay muchas personas, entre las que se incluyen profesionales de la psicología, que aseguran que el TDAH y, con él, el déficit atencional no existen. ¿Es esto cierto?

En este post daremos respuesta a este interrogante. Para ello, tendremos que comprender qué es y qué implica realmente el déficit atencional.

¿Qué es el déficit atencional?

Podemos comprender fácilmente lo que conlleva un déficit atencional si prestamos atención a las dos palabras que componen el término:

  1. Déficit: un déficit es una carencia o una existencia de algo por debajo del nivel mínimo esperado.
  2. Atencional: hace referencia a la capacidad cognitiva que permite centrar el foco sobre un estímulo en concreto, desechando todos los demás del entorno.

Por lo tanto, el déficit atencional se produce cuando una persona es incapaz de centrar su foco de atención en el estímulo que, en un momento determinado, es relevante.

Ahora que ya hemos asentado una definición de déficil atencional, pasemos a ver qué es lo que implica este término y cómo interpretarlo correctamente.

¿Qué implica el déficit atencional?

En los tiempos que corren, es más habitual de lo que debería ver situaciones como la siguiente. Un alumno no presta atención al profesor cuando este explica la lección en el aula. Por consiguiente, dicho alumno no es capaz de responder a las preguntas que el profesor le formula para comprobar si ha estado atento o no. Al ver que esta situación ocurre repetidamente con el mismo alumno, el profesor lo deriva a los padres o al especialista en psicología del centro educativo.

El alumno termina en manos de un psicólogo/psiquiatra que, a través de lo que le han contado el profesor y los padres, le diagnostica TDAH. Se le receta una medicación derivada de las anfetaminas y el alumno empieza a mostrar un decaimiento de su actividad cognitiva y ejecutiva cuando, en su caso, todo se habría solucionado a partir de una forma de explicar más amena y divertida por parte del profesor.

Esto no quiere decir que no existan otros casos en los que un alumno concreto pueda sufrir de déficit atencional. No se trata de negar la existencia del TDAH, sino de evitar el diagnóstico equivocado. Desgraciadamente, son muchas las ocasiones en las que un niño o un joven que no padece déficit atencional acaba ingiriendo medicación diaria cuando no la necesita. Se estima que dichos diagnósticos equivocados pueden estar alcanzando tranquilamente el 50% de los casos.

En conclusión: si un alumno no presta atención, no se debe achacar directamente a que tenga un déficil atencional. Existen altas probabilidades de que el problema no lo tenga el alumno, sino el profesor.

De este modo, comprendemos la importancia de llevar a cabo el diagnóstico correcto para cada situación. Si quieres desarrollar tu carrera profesional en torno a ello, puedes encontrar el camino en nuestro Master Universitario en Neuropsicología clínica.

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia