En psicofarmacología, actualmente asistimos a dos corrientes totalmente contrapuestas; por un lado, nos encontramos frente a una sociedad que demanda un alivio rápido al sufrimiento. Desgraciamente, por falta de recursos y medios, y quizá, sensibilidad política al respecto, la sanidad pública no dispone de otras alternativas para ofrecerles que los psicofármacos. Por otro lado, la corriente de la antipsiquiatría, con autores como Peter C. Gøtzsche y Robert Whitaker, postula que los fármacos alteran la neurotransmisión cerebral y producen no pocos efectos secundarios.

Ante tal contradicción, parece adecuado preguntarse cúando los psicofármacos pueden ser de indicación y no sólo provocar efectos secundarios, tolerancia, dependencia e incluso síndrome de abstinencia.

La cuestión clave es que, por mucho que nos podamos beneficiar de la farmacología y su prescripción sea totalmente apropiada, si no se realiza una psicoterapia, únicamente trataremos los síntomas, sin ir al fondo del problema. No nos estaremos responsabilizando de nuestro bienestar, sino que únicamente nos estaremos poniendo en manos de la química, sin realizar los cambios profundos que nos ayuden a crecer y sustentarnos en los posibles problemas o crisis venideras. En definitiva, fomentar la resiliencia que es de lo que se trata.

Veamos sucintamente las principales situaciones clínicas que sugieren la necesidad de realizar una consulta para un posible tratamiento psicofarmacológico:

-Sintomatología psicótica: delirios, alucinaciones, trastornos e incoherencias del pensamiento, ideas de referencia…en los casos de esquizofrenia y trastornos bipolar, los fármacos se han mostrado superiores a placebo, e incluso, a psicoterapia sola.

-Síntomas y signos de enfermedad médica, deterioro cognitivo (aunque sea leve) y desorientación espacial y temporal. No es tanto porque dispongamos de un tratamiento efectivo para el deterioro cognitivo, porquecactualmente no es así, sino porque dichos síntomas pueden estar indicando la presencia de otra enfermedad médica.

-En los trastornos de ansiedad, pánico, agorafobia, ansiedad generalizada, trastorno por estrés postraumático, trastorno obsesivo compulsivo, fobias, ansiedad social…en general, han de darse criterios de gravedad para recomendar la psicofarmacología. Por ejemplo, crisis de pánico reiterativas y persistentes; una agorafobia que imposibilite a la persona el salir de casa; también unos pensamientos obsesivos fuertemente arraigados y que se repiten sin cesar, causando un gran malestar. En estos casos se ha de tratar estabilizar a la persona, para lo cual la medicación puede resultar de mucha utilidad, ya que de lo contrario resultaría muy complicado e infructuoso el trabajo psicoterapéutico.

-Depresiones graves asociadas a retardo psicomotor e ideas suicidas. Los fármacos más utilizados en estos casos son los antidepresivos, concretamente los ISRS (Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) cuyo representante más conocido a nivel comercial es el Prozac (Fluoxetina), que también ha demostrado utilidad en la bulimia y el trastorno por atracón, entre otras muchas indicaciones.

Sin embargo, hay estudios que indican que estos fármacos pueden aumentar la ideación suicida, por lo que podría estar indicada su complementación o sustitución con otros fármacos. En el caso de ideación suicida debe considerarse el uso de los siguientes fármacos:

  1. Estabilizadores del estado de ánimo: litio, valproato sódico, carbamazepina, lamotrigina…
  2. Antipsicóticos atípicos: en concreto, la Clozapina

-Antecedentes familiares de primer grado con esquizofrenia, trastorno bipolar o trastorno de personalidad grave, se aconseja la valoración de la posible introducción de un psicofármaco para contención del posible agravamiento de los síntomas.

-Insomnio agudo persistente: puede agudizar en extremo la sintomatología depresiva, la ideación suicida y las conductas autolíticas.

-Falta de buena respuesta a la psicoterapia o con características actuales que pueden pronosticar una falta de adherencia al tratamiento: escepticismo con la psicoterapia, gran impulsividad, ausencia de “insight” o conciencia de la enfermedad, bajo coeficiente intelectual…

-Por último, cuando ha habido una buena respuesta y tasa de recuperación anterior es de prever un nuevo efecto positivo de los psicofármacos.

Author

Inés Moragrega Vergara

Profesora del Máster Universitario en Neuropsicología Clínica