La enorme heterogeneidad de los cuadros de autismo exige una valoración específica y concreta de cada niño o niña para, a partir de ahí, elegir la solución educativa más adecuada para cada caso individual. El mero diagnóstico de espectro autista no define, por sí mismo, un criterio único de escolarización. Es necesario tener en cuenta una serie de factores, tanto del niño como del centro escolar, para decidir qué tipo de escolarización va a ser la mejor, apostando siempre que las circunstancias lo permitan por la educación más inclusiva posible en un aula o centro ordinario.

Los factores propios del niño

El primer aspecto a la hora de decantarse por una escolarización en un centro ordinario o de escolarización especial son las condiciones intelectuales, comunicacionales y de comportamiento del niño afectado de autismo.

En general, los principales factores a valorar son:

  • La capacidad intelectual del niño.
  • Su nivel comunicativo y lingüístico. El éxito de la integración radica, en gran medida, en que el niño sea capaz de superar su falta de habilidades sociales hasta llegar a un nivel mínimo para hacerse entender y tener una cierta interactuación con compañeros y profesores.
  • Las alteraciones de conducta. La presencia de agresiones a él mismo o a los demás y la falta de autocontrol son cuestiones que dificultan mucho la integración del niño en una aula ordinaria.
  • Capacidad cognitiva y comportamental. Tiene que ver con el potencial del niño para desarrollar el aprendizaje, lo que va a depender en gran medida de que reciba la terapia clínica y la metodología educativa adecuada para estimular y llegar al nivel máximo de su potencial.
  • Nivel de desarrollo social. Aun siendo un aspecto que se puede mejorar y potenciar poco a poco desde la escuela, existen casos graves de autismo donde el nivel de desarrollo social se sitúa en un nivel de niños de 8 y 9 meses. En esta situación, la única oportunidad real de aprendizaje del alumno es en condiciones de interacción uno a uno con profesionales especializados, lo que reduce enormemente las posibilidades de integración en un aula ordinaria.

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Características del centro escolar

Para que un centro escolar pueda integrar con garantías a alumnos con TEA es importante que cumpla las siguientes condiciones:

  • Son preferibles los centros de pequeño tamaño, puesto que el bullicio, las carreras de grupos de niños en el patio o los pasillos son elementos claramente distorsionadores de los niños autistas.
  • Es imprescindible el compromiso tanto de los profesores que van a atender al niño con TEA, como del resto del claustro y de la comunidad del centro, incluyendo a sus compañeros y a los padres.
  • El colegio debe contar o se la ha de dotar de recursos complementarios: maestros especializados, profesores de apoyo, logopeda, psicopedagogo, etc.

Otros criterios a considerar

  • Además del aula ordinaria y el centro de educación especial, existe una tercera alternativa que suele dar muy buenos resultados: el aula especial en un colegio convencional donde niños con TEA u otros problemas reciben una enseñanza personalizada en grupos reducidos durante algunas horas por parte de personal docente especializado, pasando el resto de las horas en el aula ordinaria.
  • La solución escolar que se decida dar no tiene por qué ser permanente. Aunque deben evitarse los cambios frecuentes, puesto que los niños autistas nos los toleran bien, en el caso de que el desarrollo evolutivo sea positivo puede ser interesante cambiar a un niño de un centro de educación especial a uno ordinario.
  • El diagnóstico de las capacidades de un niño con autismo tampoco es definitivo. En su mejora y desarrollo juega un papel fundamental tanto el entorno familiar como el centro donde cursa su escolarización y la capacidad de sus maestros para motivarle y estimularle lo suficiente hasta que alcance el máximo de su potencial.
  • Normalmente, el maestro o maestra particular del niño autista juega un papel mucho más decisivo que el centro. Sucede muchas veces que un maestro muy comprometido con el caso es capaz de crear unos lazos afectivos muy fuertes con el niño, hasta el punto de ejercer una influencia enorme en su desarrollo, consiguiendo que logre abrirse al exterior.

La escolarización de los niños con autismo de alto rendimiento

En ocasiones se comete un error involuntario con los niños autistas de nivel intelectual alto, como los que presentan síndrome de Asperger, consistente en centrar los objetivos de la escuela exclusiva o excesivamente en su integración social. Hay que tener en cuenta que este tipo de chicos tienen un coeficiente intelectual en la media o por encima de la clase, por lo que como ocurre con el resto de sus compañeros, el logro de buenos resultados académicos y el alcance de las competencias curriculares debe ser unas metas, aunque no únicas, sí prioritarias.

Por otro lado, conviene recalcar que todos los centros y profesores que atienden a niños con trastornos generalizados del desarrollo (TGD) requieren apoyo externo y orientación por expertos. Un déficit de recursos en este ámbito está detrás de la mayoría de fracasos a la hora de integrar correctamente a estos alumnos y en los sentimientos de frustración, ansiedad e impotencia de muchos maestros por no poder lograr los resultados esperados.

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia