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Consumos problemáticos de alcohol: un ámbito en auge para la intervención psicológica.

  • Por Víctor J. Villanueva Blasco
  • 10 enero 2018

Son diversos los factores que favorecen que el alcohol sea una de las drogas de mayor riesgo y con mayores consecuencias perjudiciales para la salud, tanto a nivel individual como en la esfera pública. Hallamos, por un lado, su accesibilidad y bajo coste, su amplia aceptabilidad entre la sociedad en general, reflejada por ejemplo en la extensión del fenómeno del botellón entre los más jóvenes y del consumo diario de cerveza en los últimos tiempos en población adulta. Estos factores contribuyen a desarrollar una baja percepción de riesgo en relación al uso y abuso de alcohol, y que por tanto no lo consideren como un  consumo problemático y se planteen su reducción o abandono.

En la revisión de las políticas de drogas en España, ha tenido lugar en los últimos años un cambio en la percepción social del fenómeno del consumo de drogas y de las drogodependencias, incluyendo en el alcohol aunque en menor medida que el resto de sustancias. El cambio más significativo reside en el reconocimiento de que los afectados por una adicción, sea a la sustancia que sea, tienen derecho a la correspondiente atención sanitaria y social, y a que esta debe adaptarse a las nuevas necesidades del individuo.

 

Tal como se señala en la Estrategia Nacional Sobre Drogas 2009-2016 (PNSD, 2009), el planteamiento más avalado por la evidencia científica para alcanzar una disminución significativa del impacto sanitario y social, en relación con el uso de drogas, es el de actuar mediante una combinación de medidas que intervengan simultáneamente en los ámbitos de la exposición y accesibilidad a las sustancias psicoactivas, del consumo y de la reducción del daño asociado a éste. Asimismo, se debe tener en cuenta que, para muchas personas, el problema no es única y exclusivamente abandonar el consumo de una determinada sustancia sino de varias (policonsumo), u otros problemas que agravan la situación como una enfermedad mental, precariedad económica, desarraigo social, laboral y/o familiar, y en general ruptura o inexistencia de vínculos sociales integradores. Por lo que se hace necesaria una atención integral y coordinada dirigida al tratamiento e incorporación social de la persona.

Ello exige tener en consideración la diversidad e individualización en la atención en el diseño de las intervenciones. Los profesionales de la psicología tienen un papel destacado en la evaluación de necesidades, diseño e implementación de dichas intervenciones, así como en el fomento de la adherencia a los tratamientos de tipo psicológico, farmacológico y rehabilitadores. Si bien, en aras de ofrecer la referida atención integral, deben disponer de habilidades para la coordinación con otros profesionales, y una visión orientada al desarrollo de las potencialidades y capacidades de las personas beneficiarias que les permita alcanzar el bienestar y disfrute de los derechos sociales básicos desde la autonomía personal.

Referencias

Plan Nacional Sobre Drogas, PNSD (2009). Estrategia Nacional sobre Drogas 2009-2016. Madrid: Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. Ministerio del Interior. Recuperado de http://www.pnsd.msssi.gob.es/pnsd/estrategiaNacional/docs/EstrategiaPNSD2009-2016.pdf


Víctor J. Villanueva Blasco

Director del Máster Universitario en Prevención en Drogodependencias y Otras Conductas Adictivas