Desde hace unos años, uno de los trastornos más habituales en los colegios es el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). De acuerdo con las cifras de la Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad (FEAADAH), es una patología que, actualmente, padece entre un 2 y un 5% de la población infantil. Pero ¿cuáles son los síntomas mas habituales que pueden dar con su diagnóstico?

Desde un punto de vista clínico, la hiperactividad está provocada por una producción insuficiente e irregular de dos neurotransmisores o sustancias químicas del cerebro –la dopamina y la noradrenalina- que son las que permiten una correcta comunicación entre las neuronas.

Cómo se manifiesta el TDAH en el colegio

Para diagnosticar un TDAH, evidentemente hay que tener en cuenta y valorar la cantidad e intensidad de los síntomas y su permanencia en el tiempo. A grandes rasgos, un TDAH se caracteriza porque el niño muestra una actividad más exagerada de lo habitual y una impulsividad continua que aplicado al ámbito educativo puede manifestarse con alguno o varios de los siguientes síntomas.

- Suele perder con bastante frecuencia los materiales habituales de trabajo o se los deja olvidados en casa.

- Interrumpe la dinámica de las clases con cierta asiduidad y se muestra nervioso cuando no se le atiende.

- Suele moverse de su asiento constantemente y se levanta sin motivo aparente.

- Nunca finaliza los deberes que se le mandan.

- Sus cuadernos de trabajo están muy desorganizados.

- Se despista con mucha facilidad y no atiende en clase.

- Suele tener mal comportamiento con el resto de compañeros.

- Parece que no “escucha”.

- Le cuesta acatar las órdenes que le dan los profesores.

- No se compromete con actividades que requieren un esfuerzo mental prolongado.

Paralelamente a estos rasgos negativos, también pueden contemplarse otros más positivos como: espontaneidad y extroversión excesiva, gran energía, independencia, dotes creativas muy acentuadas, etc.

Cómo actuar ante un niño con TDAH en el aula

Si se confirma que el niño padece este trastorno, evidentemente hay que intervenir recurriendo a profesionales del ámbito de la psicología que marcarán pautas concretas para modificar las conductas y también se buscará un asesoramiento familiar y escolar.

En cualquier caso, nunca hay que castigar a un niño con TDAH porque, en la mayoría de ocasiones, el pequeño no es consciente de lo que realmente le está ocurriendo. La finalidad es que tome se dé cuenta de lo que le ocurre y él mismo sea capaz de, poco a poco, ir corrigiendo sus propias conductas. Aplicado al ámbito educativo es conveniente que, a medida que haya progresos, se le refuerce positivamente lo que ha hecho bien y se marquen pequeñas pautas como, por ejemplo, desglosarle los deberes en pequeños pasos o también situarlo en un lugar en el aula próximo al profesor.

Con las pautas adecuadas y con tiempo, es posible mitigar o eliminar las consecuencias negativas o síntomas que produce este trastorno.

 

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Amparo Zuriaga
colaboradora del Máster Universitario en Educación Especial