La educación emocional es un  aspecto importante en la educación integral de las personas. Sin embargo, el sistema educativo tradicionalmente se ha centrado en el desarrollo cognitivo, es decir, en los conocimientos propios de las áreas curriculares ordinarias, prestando escasa o nula atención al desarrollo y el control emocional. Sin embargo, muchos psicólogos, pedagogos, maestros y profesores consideran que una buena parte de los problemas de las personas en general, y de los adolescentes y los jóvenes en particular, está relacionado con dificultades en la gestión de los sentimientos y la emociones de la educación emocional.

¿Qué es la educación emocional?

La educación emocional tiene que ver con el desarrollo personal y social del individuo, la inteligencia emocional y el autocontrol, así como su aplicación en las situaciones de la vida.

Una buena educación emocional ayuda a las personas a mejorar su capacidad para identificar, entender y manejar las emociones correctamente, de manera que facilite las relaciones con los demás, la consecución de metas y objetivos, el manejo del estrés y la superación de obstáculos y problemas.

 

inteligencia emocional

No es una cuestión de eliminar las emociones negativas del interior de cada uno, sino de aprender a controlaras y manejarlas mejor a través de una serie de técnicas y métodos que les permitan adquirir las competencias necesarias en tres ámbitos: identificar sus propias emociones, controlar y manejar adecuadamente sus impulsos y energías y, finalmente, entender a los demás de una forma empática.

 

Cómo integrar la parte emocional en el currículo académico

Los primero que hay que tener claro es que la gestión de las emociones es un  proceso educativo continuo y permanente y, por lo tanto, debería estar presente a lo largo de todo el currículo académico y en la formación permanente durante toda la vida, puesto que de principio a fin de su ciclo vital una persona puede ser capaz de desarrollar las competencias emocionales.

Para poder integrar la educación de las emociones en un currículo es necesario tener muy claros los objetivos, que básicamente son los siguientes:

  • Adquirir un mejor conocimiento de las propias emociones.
  • Identificar las emociones de los demás.
  • Desarrollar la habilidad de regular las propias emociones.
  • Prevenir los efectos perjudiciales de las emociones negativas.
  • Desarrollar la habilidad para generar emociones positivas.
  • Desarrollar una mayor competencia emocional.
  • Desarrollar la habilidad de automotivarse.
  • Adoptar una actitud optimista ante la vida.

La integración transversal

Con los objetivos claros, ya se puede plantear una integración curricular de la inteligencia emocional, lo cual no es fácil por la rigidez y visión «academicista» de los mismos. Por este motivo, lo más recomendable es su integración o fusión con el currículo de una forma transversal. En este sentido, el maestro o profesor puede incluir aspectos emocionales en cualquier materia, «dejándolos caer» mientras está explicando otros conceptos.

La estrategia transversal es, muy probablemente, el método más idóneo para potenciar el autocontrol y el manejo de las emociones propias y de los demás, ya que permite introducir la cuestión de forma progresiva, sin que implique cambios importantes en la estructura ni filosofía curricular.

Un paso más avanzado consistiría en realizar una introducción curricular interdisciplinaria. En este caso, se trataría de interrelacionar problemas emocionales con distintas materias y ámbitos, lo que requiere la implicación y coordinación de  profesores de distintas asignaturas.