En las terapias con familias, observo como los padres y madres se sienten en muchas ocasiones abrumados por sus sentimientos de culpa y vergüenza, y/o por su sensación de indefensión sobre lo que les está sucediendo. Hace poco, un padre me comentaba: “¿en qué momento dejamos que nuestro hijo fuera tan miedoso? ¿qué hicimos para que sea así?”. En estas preguntas se observa estos sentimientos de culpa que sienten.

Antes de avanzar en la terapia familiar es fundamental trabajar estas vivencias emocionales parentales. Los padres necesitan entender y observar sus estados emocionales para aceptarlos y gestionarlos. Desde la culpa o la indefensión no habrá una buena relación con sus hijos, ya que esos estados emocionales les arrastrarán.

Estas situaciones, tan habituales dentro de la dinámica terapéutica familiar, hizo que me planteara la aplicación de ciertos aspectos de la Terapia focalizada en la Compasión de Paul Gilbert (TFC) como complemento a Mindfulness, dentro de las Terapias Familiares. Estos aspectos son:

  •  Los tres sistemas de regulación emocional: sistema de amenaza, sistema de logros y sistema de afiliación.
  •  La compasión como antídoto a la activación del sistema de amenaza

El sistema de amenaza se activa cuando nos sentimos intimidados. El sistema de logros es el que nos hace estar centrados en nuestros objetivos, en la necesidad de estar haciendo algo, de conseguir cosas para sentirnos bien. Estar constantemente en el modo “hacer”.

El sistema de afiliación es el que nos permite sentirnos conectados con nosotros mismos y con los demás, sentir que estamos bien, seguros, confiados. Este es el regulador de los otros dos sistemas para mantenernos en equilibrio emocional.

El trabajo con los padres, en este sentido es muy enriquecedor porque se dan cuenta de cuál sistema es el que está activado en ellos cuando se relacionan con sus hijos y cómo poder gestionar su cambio. Utilizando la compasión, como antídoto para la activación del sistema de amenaza, ofrece la oportunidad de conocer cómo se activa este sistema, sus consecuencias y cómo transformarlo, es decir cómo ayudarse en esos momentos. Esto permite, a su vez, adquirir consciencia y autocontrol en cómo quieren conectar con los demás, en este caso con los hijos.

Si los padres desarrollan un buen sistema de apego con sus hijos, estos desarrollaran un buen sistema afiliativo de regulación emocional.

El desarrollo de las habilidades de regulación emocional para ellos y sus hijos permite a los padres adquirir auto-confianza y desarrollar la auto-compasión, que es la forma de auto-cuidarse dentro de las situaciones familiares complicadas o conflictivas. También desarrollarán la compasión, que es la forma de conectar con los demás miembros de la familia con aceptación, intención, motivación y acción. Aquí se está trabajando también la parte de indefensión que sienten algunos padres, ya que esta forma de conectar con ellos y con los demás desde la aceptación y el cuidado hace que surjan conductas activas e iniciativas que llevan a la acción. Se tienen en cuenta las necesidades personales y las del grupo familiar. Esto favorece que no se entre en el “bucle” de las expectativas o los deseos constantes de que las “cosas” sean de otra forma.

Al introducir estos aspectos de mindfulness y compasión en la terapia familiar se ofrece una calma y tranquilidad personal para los padres y madres, lo cual favorece que haya más fluidez en el desarrollo de la terapia.

Autor

Mariló Gascón Aguilar.

Profesora del Máster en Terapias de Tercera Generación