América Latina es reconocida como la región con mayor desigualdad del mundo. Es cierto que desde el año 2000 los niveles de desigualdad se han ido reduciendo de forma significativa debido principalmente al crecimiento económico que vivió la región, una distribución más equitativa del ingreso y las transferencias gubernamentales (1).

Sin embargo, este avance parece haber sufrido un freno. De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el año 2014 esta disminución de la desigualdad en la región ha comenzado a estancarse y las perspectivas de cara al futuro distan mucho de ser positivas ya que se proyecta que la desigualdad podría comenzar a incrementar.

"En 2014, el 10% más rico de la población de América Latina había amasado el 71% de la riqueza de la región. Según los cálculos de Oxfam, si esta tendencia continuara, dentro de sólo seis años el 1% más rico de la región tendría más riqueza que el 99% restante", señala la secretaria ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena y la directora ejecutiva de Oxfam internacional, Winnie Byanyima (2).

De acuerdo al Panorama Social de América Latina 2015 (3), la tasa de pobreza en la región se situó en 28,2% en 2014, y la tasa de indigencia alcanzó el 11,8% del total de la población, ambas cifras manteniéndose en niveles similares respecto al año anterior. En números brutos, estos porcentajes suponen que el número de personas pobres creció en 2014, alcanzando los 168 millones, de los cuales 70 millones se encontraban en situación de indigencia.

¿Pero cuál es la principal razón de que América Latina y el Caribe lideren este ranking frente a las demás regiones del mundo? Latinoamérica está condicionada, en gran medida, por su estructura productiva, en la que se observa un mercado laboral que vincula una estructura productiva fuertemente heterogénea y con grandes diferencias de productividad entre los trabajadores, y la desigualdad de ingreso en los hogares.

El informe 'La matriz de la desigualdad en América Latina' (4) plantea que "una de las manifestaciones de la heterogeneidad estructural es la concentración de una gran proporción de los empleos (49,3% del total en 2013) en sectores de baja productividad. Esa estructura productiva demanda pocas capacidades técnicas de la mayoría de los trabajadores, cuyos empleos, en general, se caracterizan por ser de baja calidad e informales, con bajos ingresos y escaso o nulo acceso a mecanismos de protección social".

Este tipo de empleo poco productivo, que es más precario en términos de acceso y  calidad, de derechos y de protección social; generalmente incorpora a una mayor proporción de mujeres, jóvenes, indígenas y afrodescendientes, por lo que las brechas de desigualdad en la población se agrandan de forma importante si se consideran las perspectivas raciales o étnicas y la perspectiva de género.

Al introducir ambas perspectivas en el análisis de la desigualdad, la CEPAL expone que, en América Latina, los ingresos totales medios de las mujeres indígenas se ubican por debajo de la línea de vulnerabilidad a la pobreza, mientras que las mujeres afrodescendientes apenas la superan. De esta forma, los ingresos totales medios de las mujeres indígenas equivalen al 50% de los ingresos medios de los hombres indígenas. Por su parte, los ingresos totales medios de las mujeres afrodescendientes equivalen al 51% de los ingresos medios de los hombres afrodescendientes.

poblacion indigena

Fuente: CEPAL

Según el Banco Mundial (5), otro de los factores elementales a la hora de evaluar los niveles de desigualdad en América Latina es la educación y su baja calidad. “A pesar del incremento en la educación, aún existen fuertes patrones compenetrados de exclusión social y discriminación, que son difíciles de quebrar y que impiden la movilidad hacia niveles superiores”, indica.

TRIBUTACIÓN PARA EQUIDAD

El sistema tributario como instrumento para la redistribución de la riqueza en América Latina es significativamente pobre. Con bajos niveles de tributación, sistemas tributarios en gran medida regresivos, y   altas tasas de elusión y evasión, los ingresos fiscales de los gobiernos latinoamericanos son escasos y su redistribución a través del gasto muy limitada.

América Latina se caracteriza por sus bajos niveles de tributación. "Entre 2000 y 2013, la tasa impositiva media subió del 16,0% del PIB al 20,6% en la región, si bien esta cifra sigue siendo inferior al promedio de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) (34,1% del PIB en 2013)", apuntan CEPAL y Oxfam Internacional (6).

Aunque durante la última década se han llevado a cabo reformas en los regímenes tributarios de gran parte de los países de la región, la mayoría de sistemas tributarios son fuertemente regresivos (a mayor ganancia, menor porcentaje de impuestos que debe pagarse sobre el total de base imponible), y con grandes cargas en los impuestos indirectos (como el IVA) que perjudican en mayor medida a los sectores de la población con ingresos inferiores.

Sin embargo, el aporte de los impuestos directos o impuestos sobre la renta es significativamente inferior. "Si bien la carga del impuesto a las empresas en América Latina (3,7% sobre el PIB) se compara favorablemente con la de la OCDE (3,0% sobre el PIB), en concepto de impuesto sobre la renta de las personas físicas los países de América Latina (1,3% del PIB)  recaudan menos de una quinta parte del promedio recaudado en los países de la OCDE (8,5% del PIB)", apunta el informe.

En este contexto, CEPAL y OXFAM Internacional plantean que el bajo aporte de los impuestos directos al Estado puede deberse a los altos niveles de evasión y elusión del impuesto sobre la renta personal y corporativa.

De acuerdo con el informe ‘Panorama Fiscal de América Latina y el Caribe 2015’ (7), se estima que la evasión del impuesto sobre la renta personal y corporativa y del impuesto sobre el valor agregado le supuso a América Latina una pérdida de más de 320.000 millones de dólares (un 6,3% del PIB) en concepto de pérdidas de ingresos en 2013.

"Para poner esa cifra en perspectiva, conviene señalar que, ese mismo año, el promedio de los gastos de capital incurridos por los gobiernos centrales de la región fue de un 4,5% del PIB, es decir, el nivel más alto desde 1990. Por tanto, el costo de la evasión fiscal en América Latina es significativamente mayor que el total del gasto público de inversión de la región", agrega.

america latina recaudacion tributaria

Fuente: CEPAL

A todo ello se une que, ante unas proyecciones de crecimiento económico más débiles, los países latinoamericanos deberán enfrentarse a una caída del ingreso tributario que podría conllevar subidas de impuestos junto con recortes en el gasto. "En tales circunstancias, los salarios mínimos no mantendrán la tendencia al alza y las transferencias dejarán de crecer; de hecho, en algunos países tendrán que disminuir (en Guatemala, por ejemplo, los recortes ya han comenzado). En países con alta inflación, las transferencias simplemente podrían verse erosionadas por el alza de los precios", sostiene Lustig (8).

PROYECCIONES

Para 2015, según las proyecciones de la CEPAL los indicadores de pobreza e indigencia se incrementarían situando la tasa de pobreza en el 29,2% y la tasa de pobreza extrema en el 12,4%, lo que representaría aumentos de 1,0 y 0,6 puntos porcentuales, respectivamente. "De confirmarse estas proyecciones, 175 millones de personas se encontrarían en situación de pobreza por ingresos en 2015, 75 millones de las cuales estarían en situación de indigencia", apunta el informe de 'Panorama Social 2015' de la CEPAL.

El posible fin de la trayectoria de disminución que ha experimentado América Latina en sus niveles de desigualdad durante esta última década, se debería, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, a que las economías latinoamericanas se enfrentan a perspectivas de menor crecimiento (se estima que el crecimiento de la región habría caído en torno a 1,0% en 2016 y sólo crecería en torno a 1,0% para 2017), y con ello, deberá hacerse cargo de presupuestos más restrictivos. "La disminución del crecimiento, especialmente de las exportaciones de materias primas agrícolas, se traducirá en una menor demanda de trabajadores poco calificados. Es probable que, como consecuencia, sus sueldos dejen de subir, e incluso puedan bajar", señala.

Ante este contexto, los organismos internacionales coinciden en la necesidad de favorecer políticas económicas, sociales y ambientales que estén diseñadas y relacionadas entre sí para conseguir llevar a cabo un cambio estructural progresivo. En este sentido, destacan la necesidad de mejorar los sistemas tributarios hacia regímenes más progresivos, llevar a cabo una redistribución del gasto fiscal más eficiente y enfocar las políticas públicas de forma que acompañen a las necesidades de la población en las diferentes etapas de sus vidas y en los diferentes contextos en los que se desarrollan.

https://youtu.be/kacZW1wl6LY

Almudena Rascón Alcaina

Periodista de economía nacional e internacional en Chile. Licenciada en Periodismo y con un Máster en Política Internacional por la Universidad Complutense de Madrid y Colaboradora del Grado en Relaciones Internacionales VIU.