Empecemos por decir que los alimentos transgénicos son igual de seguros e inocuos que sus equivalentes no transgénicos. Si eres una persona con conocimientos en esta materia estarás de acuerdo conmigo, pero la gran mayoría del público en general pensará lo contrario. Y este punto de vista contrario, o al menos, negativo hacia los alimentos transgénicos mayoritario proviene de un debate añejo que se produjo en la sociedad ya hacia finales del siglo pasado y que terminó frenando significativamente su desarrollo.

Para arrojar un poco de luz sobre lo que se está tratando es importante entender qué son los alimentos transgénicos. Se define como transgénico aquel organismo modificado genéticamente que alberga algún fragmento de DNA proveniente de otra especie distinta. En realidad, es una generalización de la parte por el todo ya que los alimentos transgénicos son un grupo dentro de los organismos modificados genéticamente (GMO’s) que son organismos con el DNA modificado por el hombre, contengan o no un DNA de otra especie. Es decir, dentro de los GMO’s podemos encontrar alimentos transgénicos, de hecho, muchos lo son.

Lo interesante de los alimentos transgénicos es que podemos modificar los mecanismos moleculares de funcionamiento o regulación de las células para que realicen nuevas o mejores funciones que nos interesen por diversos motivos. Utilizando técnicas de ingeniería genética es posible alterar el funcionamiento previo para conseguir el objetivo buscado.

Aunque parece algo muy vanguardista, el hombre ha estado haciendo algo analogo desde las primeras civilizaciones, solo que de forma inadvertida. Es el caso un fenómeno conocido como la domesticación. Al interactuar con los organismos del entorno, el hombre ha estado seleccionando variantes genéticas que fueran más beneficiosas para fermentar su leche o para producir su carne. Son mutantes espontáneos que contienen modificaciones genéticas que pueden ser de lo más complejas e incluso, como no, transgénicas. Por ejemplo, podemos encontrar vacas o cerdos que no se parecen casi nada a la especie no domesticada por el hombre pero que son mucho más útiles. Igualmente existe domesticación en el maíz, los gatos o incluso en microrganismos como las levaduras.

Los alimentos transgénicos pueden ser muy beneficiosos. La clave está en quien es el que recoge este beneficio ya que puede ser el público en general, como el caso del arroz dorado que contiene mayores niveles de vitaminas, o puede ser un beneficio para el cultivo como el caso del maíz Bt que es resistente a plagas. Otros casos son mejoras relacionadas con la salud como el vino que no contiene los compuestos que generan dolor de cabeza, fermentado por una levadura transgénica (ML01); o mejoras en las facilidades de cultivo como el maíz llamado ‘apilado’ que es capaz de crecer en condiciones de sequía, como ocurre en muchas regiones africanas. También se usan organismos transgénicos para producir aditivos alimentarios como el aspartamo que sustituye al azúcar como edulcorante en refrescos y otros alimentos. Otro ejemplo interesante es la patata Innate que contiene niveles más bajos de un compuesto cancerígeno además de resistencia a plagas y mejor aspecto. Por tanto, las ventajas son muchas y diversas.

Sin embargo, si preguntas a la gente la mayoría te dirán que esto alimentos modificados genéticamente son malos, peligrosos y que no comprarían un alimento si fuera transgénico. ¿De dónde ha surgido esta visión tan negativa de los alimentos transgénicos? Pues este estado de opinión proviene del debate que se estableció a finales del siglo pasado cuando los primeros alimentos transgénicos aparecieron en el mercado. Los científicos no fuimos capaces de explicar bien las ventajas que podrían suponer el uso de esto nuevos alimentos. Además, el hecho de que los primeros alimentos transgénicos fueran lanzados por compañías multinacionales para su propio beneficio instigó a las organizaciones ecologistas a realizar feroces e impresionantes campañas en contra de los transgénicos, generando miedo a unos supuestos efectos secundarios muy negativos tanto para la salud como para el medio ambiente. Se estableció entonces un debate dialectico que llegó hasta las tertulias televisivas y que perdimos los científicos en favor de los ecologistas. Se había consumado un estado de opinión pública muy desfavorable en todo lo relacionado con el uso de los transgénicos. El resultado fue una moratoria de muchos años en la comercialización de estos alimentos en la Unión Europea que frenó el desarrollo de nuevos alimentos y las técnicas para desarrollarlos.

¿Y en qué punto nos encontramos hoy? Bueno pues la sociedad parece que va aceptando muy poco a poco los transgénicos y cada vez se comercializan más. Con el paso del tiempo se ha visto que el infierno y las siete plagas que vaticinaban los ecologistas con el uso de los transgénicos no se ha producido. Ahora los científicos tenemos más argumentos e interés en divulgar acerca de las bondades de los transgénicos y quizás con el tiempo seamos capaces de cambiar ese estado de opinión y así poder aprovechar las grandes ventajas del uso de estos sofisticados alimentos.

 

Referencias útiles

J.M. Mulet. Transgénicos sin miedo: Todo lo que necesitas saber sobre ellos de la mano de la ciencia. Imago Mundi. 2016

  1. Riechmann. Que son los alimentos transgénicos. RBA. 2002

 

Videos de interés

Modificación Genética y Transgénicos (Programa Escépticos)

https://www.youtube.com/watch?v=QXtA9OyjYqU

¿Pueden los transgénicos salvar el planeta?

 

http://elpaissemanal.elpais.com/documentos/transgenicos/

Autor: Roberto Pérez Torrado

Profesor en el Máster en Nutrición y Actividad Física para la promoción de la Salud