En nuestro día a día pasamos por momentos complicados que pueden producirnos ansiedad: situaciones de estrés en el trabajo o en los estudios o problemas con nuestra pareja o nuestros hijos. Sin embargo, los ataques de ansiedad son otra cosa.

La ansiedad es una emoción que genera nuestra mente como respuesta a una situación de incertidumbre y amenaza, es decir, nos prepara frente a un posible resultado negativo. Todos vivimos circunstancias en las que sentimos cierta ansiedad, pero cuando la ansiedad es frecuente e intensa es posible que tengamos un problema. Por lo tanto, es importante evitar llegar a ese momento, pero ¿Cómo?

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Aprende a detectar los ataques de ansiedad

Los ataques de ansiedad suelen manifestarse con sudores, taquicardias, calor, trastornos del sueño o malestar en el estómago, entre otros síntomas. Es importante que aprendas a observar tu cuerpo y saber lo que te dice.

Con el tiempo sabrás cuándo se puede estar generando un ataque de ansiedad y podrás actuar cuanto antes para evitar que se agrave y te perjudique.

 

Aprende a mirar de otra forma la realidad

Como dice el conocido conferenciante Emilio Duró El 99% de cosas que nos preocupan son cosas que no han pasado nunca, ni pasarán, es decir, solemos preocuparnos por motivos que nos imaginamos, por consecuencias negativas que lo más probable es que no sucedan nunca.

Esto supone que debemos enfrentar la realidad desde un punto de vista mucho más positivo, aprendiendo a ver las lecciones que nos transmite cada circunstancia que nos toque vivir, tanto positiva como negativa.

 

Respira profundamente

En el momento en que detectes que puedes estar sufriendo un ataque de ansiedad, para de hacer lo que estés haciendo y concéntrate en tu respiración. Haz 10 respiraciones lentas y profundas y fíjate en cómo entra el aire en tu cuerpo despacio, cómo se expande tu abdomen y, a continuación, suelta el aire lentamente.

Verás como el ritmo de los latidos de tu corazón cambia poco a poco y te vas tranquilinzado.

 

Desvía tu atención

La ansiedad se produce en muchas ocasiones porque no dejamos de pensar en lo que nos preocupa, le damos vueltas cuando estamos en la cama o trabajando de forma que nuestro cuerpo y nuestra mente no tienen tregua.

Para evitar este pensamiento repetitivo y negativo es importante que desvíes tu atención y lo puedes lograr de dos formas: centrando tu atención en otra cosa o realizando una actividad. En este sentido son muy beneficiosos el ejercicio físico o la práctica de la meditación.

 

Mira los obstáculos como oportunidades

Los problemas que hay en tu vida es posible que sean excelentes oportunidades para cambiar y aprender cosas nuevas. Por ejemplo, si tienes problemas en tu trabajo y temes que te despidan, piensa en que quizás encuentres otro trabajo que te guste mucho más o en el que te puedas desarrollar mejor profesionalmente.

No olvides que los cambios son oportunidades para seguir adelante, explorar lo que hay más allá de nuestra zona de confort y superar nuestros miedos.

 

Autor

Equipo de Expertos

Universidad Internacional de Valencia