Desde hace ya algún tiempo que va cogiendo más peso en la sociedad el debate sobre el azúcar y sus efectos negativos sobre la salud. Cada vez con más frecuencia sale en la tradicional reunión familiar o el lúdico encuentro con amigos un tema de conversación que genera polémica y que puede acabar en una agria discusión e incluso con platos volando por encima de las cabezas a pesar de lo dulce del asunto.

Por una parte, se alinean aquellas personas con una cierta preocupación por la salud, generalmente ávidos lectores de todo tipo de informaciones, blogs y foros. Y por otra parte están los que consideran todo el tema una exageración ya que ‘toda la vida de dios se ha usado el azúcar y no ha pasado nada’.

En este contexto es imprescindible establecer aquellos hechos y elementos fiables sobre los que establecer una argumentación y desechar otras informaciones que son dudosas, tendenciosas o engañosas. Y para desentrañar la diferencia entre unas y otras tan solo hay una aproximación posible: el método científico. Una base de conocimiento validado científicamente es esencial para poder separar el trigo de la paja, las medias verdades de los argumentos de peso.

Las nuevas tecnologías nos han permitido tener un universo de información al alcance de un clic. Sin embargo, esta información hay que saber filtrarla ya que cualquiera puede suministrarla, manipularla o inventarla. La fiabilidad de la fuente de la información es esencial para que podamos tener un grado de confianza sobre la veracidad de los contenidos y, en este sentido, las fuentes basadas en publicaciones científicas son las mejores. Y aun así hay que andar con pies de plomo, no es lo mismo una información basada en una serie de trabajos publicados en revistas de reconocido prestigio que una derivada de un artículo publicado en una revista de una editorial depredadora, en la que puedes publicar cualquier cosa previo pago de una tasa convenientemente estipulada. Lo más difícil para el lector es cuando dos científicos mantienen discursos contrapuestos, ¿Cuál es el más fiable? Pues la única solución, aunque no es sencilla, es comparar los estudios que citan cada uno de ellos y comprobar la fiabilidad y potencia estadística de los mismos.

Por tanto, el objetivo de este post es el de proveer al lector de aquellos elementos con base científica que nos permitan establecer una opinión ponderada y tener argumentos para presentar en el siguiente debate que surja, con más probabilidad en los postres.

  1. Comer más azúcar, pero también cualquier otra cosa, es negativo para la longevidad.

Y es que se ha demostrado en muchos modelos experimentales microbiológicos, pero también animales, incluso en primates, que la restricción calórica alarga la vida. Pero el caso es que esto no es exclusivo del azúcar, sino que es un efecto derivado de la oxidación del metabolismo, por tanto, si comes menos azúcar vivirás más, pero también si comes menos pan de espelta o menos lentejas.

  1. Una ingesta elevada de azúcar está relacionada con enfermedades cardiovasculares.

En parte. Según los últimos datos epidemiológicos, se ha observado una cierta correlación positiva entre el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y la ingesta de ciertos alimentos ricos en sacarosa, el azúcar más común, pero igualmente ocurre con las grasas saturadas, las proteínas de origen animal y el café́. La estimación más reciente respecto a una modificación eficaz en el estilo de vida y la alimentación para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares en los EEUU sugiere que un 82% de los eventos coronarios podrían ser evitados mediante el seguimiento de las recomendaciones sobre dieta, ejercicio, peso corporal y abstinencia de fumar.

  1. El azúcar refinado blanco no provoca cáncer.

El azúcar en sí mismo no está demostrado que provoque cáncer, lo cual es de sentido común ya que es el azúcar es la principal molécula que las células usan como fuente de energía. Lo que está asociado con cáncer es la obesidad generada por un estilo de vida no saludable que incluye, sí, la ingesta de una elevada cantidad de azúcares. Además, los procesos industriales de producción de azúcar blanco están sumamente controlados y no añaden productos cancerígenos.

  1. Las empresas fomentan el consumo de productos con azúcar.

Al igual que cualquier empresa que venda un producto, esta intenta que se consuma lo máximo posible. No hay que presuponer que una empresa vele por la salud de una persona, por ejemplo, una tabacalera. Lo que los ciudadanos debemos exigir es un control férreo e independiente por parte de las autoridades del sector público.

  1. El azúcar no es una droga adictiva.

Es cierto que el consumo de azúcar se ve potenciado por un refuerzo positivo hormonal en el cerebro, lo cual es útil para el ser humano y en ese sentido puede generar una adicción en el sentido más estricto. Pero este concepto se suele desvirtuar y llegar a comparar con otras drogas que producen síndrome de abstinencia y otros efectos nocivos para llamar la atención del espectador, por tanto, no se puede clasificar como droga adictiva.

https://youtu.be/3q9eh9TWFGM

Dr. Roberto Pérez Torrado

Profesor en el Máster en Nutrición y Actividad físico-deportiva para la promoción de la salud en la Universidad Internacional de Valencia (VIU).

 

Referencias de interés

Müller J. M., Trautwein E. A. (2008). Nutrición y salud pública. Ed. Acribia, S.A. ISBN 978-84-200-1095-3.

Olive Marqués. Revistas depredadoras. Semin Fund Esp Reumatol 2013;14:95-6.